Biblia

«¡Recuerda que eres polvo!»

La Cuaresma es el tiempo que nos prepara para la Pascua, y recuerda los 40 días que Jesús pasó en el desierto para prepararse a anunciar el Evangelio. Para los primeros cristianos era el tiempo del catecumenado. Los catecúmenos se preparaban para el bautismo, que se celebraba la noche de Pascua: los 40 días de oración y de penitencia marcaban el itinerario de su propia conversión. Con la penitencia pública surge la celebración del rito de las cenizas: constituía el inicio del camino penitencial de los fieles, que concluía el Jueves Santo con el rito de la reconciliación. Posteriormente, el rito de las cenizas se extendió a todos los fieles y la reforma litúrgica consideró oportuno conservar el signo y la importancia de la celebración. Para nosotros es un momento privilegiado del año litúrgico, en el que la Iglesia nos invita a la «penitencia», es decir, a tomar conciencia de la verdad del hombre y del sentido de su relación con Dios.

El rito de las cenizas remite a las primeras páginas del Génesis: «¡Recuerda que eres polvo!». Es la invitación a reconocer en nosotros la humanidad con todos los límites que esta comporta y que se configuran en la precariedad de la situación presente. El hombre está hecho de «polvo».

¿Qué significa «ser polvo»? En Gn 2 Dios modela al hombre con el polvo de la tierra: por lo tanto, el hombre es polvo y debe volver al polvo. Ser polvo evoca la realidad de la muerte. Sin embargo, la Palabra de Dios quiere decir algo más: indica que el hombre es fragilidad, es inseguridad, es pobreza, es debilidad. Ser polvo significa también experimentar el fracaso de nuestras esperanzas, la frustración de nuestros deseos, la decepción de nuestros afectos, el desmoronamiento de nuestro trabajo y de nuestros éxitos.

Inscríbete a la newsletter

Cada viernes recibirás nuestros artículos gratuitamente en tu correo electrónico.

En el mismo pasaje se afirma también que el hombre nace de las manos de Dios: su carácter inacabado forma parte del plan de Dios y, por tanto, está cargado de positividad y de vida. Dios, que nos ha hecho del polvo, nos recoge en sus manos: si aceptamos ser polvo, es decir, si en esta condición de pobreza extrema somos capaces de seguir viviendo la fidelidad a su palabra y el seguimiento de Jesús, que, pasando a través del fracaso y de la cruz, resucitó, anunciando que el Reino de Dios es de los humildes, de los pobres, de los fracasados.

El rito de las cenizas tiene también un segundo significado: es el signo exterior de quien se arrepiente de su conducta desordenada y decide convertirse, es decir, volver al Señor. El libro de Jonás narra la conversión de los ninivitas tras la predicación del profeta: «Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza» (Jon 3,5-6).

La liturgia de las cenizas conserva este doble significado que se encuentra en la antigua fórmula de imposición: «Recuerda que eres polvo…». En cambio, la nueva fórmula, «Conviértete y cree en el Evangelio», expresa bien el aspecto positivo de la Cuaresma. Las dos fórmulas, unidas, expresan del mejor modo el significado de la celebración: «Recuerda que eres polvo y al polvo volverás». Y, por tanto, «Conviértete y cree en el Evangelio».

Giancarlo Pani
Es un jesuita italiano. Entre 1979 y 2013 fue profesor de Historia del Cristianismo de la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad de La Sapienza, Roma. Obtuvo su láurea en 1971 en letras modernas, y luego se especializó en la Hochschule Sankt Georgen di Ffm con una tesis sobre el comentario a la Epístola a los Romanos de Martín Lutero. Entre 2015 y 2020 fue subdirector de La Civiltà Cattolica y ahora es escritor emérito.

    Comments are closed.