En esta Pascua de 2026, tenemos una grandísima necesidad de que se haga realidad el saludo de Cristo resucitado: «¡La paz esté con ustedes!». En un mundo fragmentado y convulsionado, nuestro deseo es que estas palabras lleguen a todos: tanto a quienes piensan que pueden resolver los conflictos con las armas, como a quienes sufren duramente las dramáticas consecuencias de la guerra, en particular las víctimas inocentes. Que las palabras de Cristo sacudan verdaderamente las conciencias, para que se retomen con valentía los caminos de la paz, los únicos compatibles con el respeto de la dignidad humana.
No podemos resignarnos a la guerra ni a la dictadura de las armas. No podemos dejarnos anestesiar por la indiferencia o la costumbre. En un mundo fuertemente interconectado, que ha alcanzado un nivel inimaginable de desarrollo tecnológico, todos salimos perdiendo con la guerra. La guerra es siempre y para todos una derrota dolorosa, que solo sirve para provocar destrucción, muerte y heridas difíciles de sanar, erosionando la dignidad humana de quienes se ven implicados en ella.
Como cristianos, sabemos que en Cristo la paz es posible. Esta convicción no podemos dejar de anunciarla a todos. Para los cristianos, la paz no es una teoría, sino una Persona que trae perdón, reconciliación, fraternidad y vida nueva. Lo vivimos y lo proclamamos de modo particular en los días de Pascua.
En el momento en que la guerra sacude la vida de tantos, de demasiados pueblos, con consecuencias gravísimas a nivel global, nuestro grito, nuestro llamado es siempre y una vez más a la paz: «¡La paz esté con ustedes!». Y a este llamado a la paz se une nuestro compromiso de promoverla.
Acogiendo al Señor de la Paz, «La Civiltà Cattolica» desea a todos los lectores y amigos una ¡Feliz Pascua!


