Biblia

La Pasión: «¿Podía haber hecho algo más por ti?»

Durante la Semana Santa, la Iglesia quiere que la Pasión de Jesús sea escuchada el Domingo de Ramos y el Viernes Santo: al inicio de la semana más santa del año, la meditación de la Pasión nos guía hacia la muerte y la resurrección de Jesús, el cumplimiento del misterio pascual. El texto de Mateo es un relato eclesial, para una asamblea de creyentes, y es al mismo tiempo un relato doctrinal, ya que el evangelista insiste en el cumplimiento de las Escrituras, en la autoridad de Jesús, pero también en el rechazo del pueblo de Israel. Además, quiere ayudarnos a formar en nosotros una inteligencia cristiana del misterio de la Pasión: desde los primeros tiempos de la Iglesia constituye el misterio más grande y más desconcertante de nuestra fe.

La Pasión comienza con la agonía en el huerto: es el momento decisivo de su vida, en el que Jesús vela, sufre, reza; está a punto de entregarse a la muerte, y a una muerte injusta y violenta, abandonado por los hombres, en particular por los discípulos, y también por Dios. Luego Jesús es arrestado: es un escándalo para los discípulos, que reaccionan mal, primero sacando la espada y luego huyendo. El evangelista subraya que todo esto sucedió para que se cumplieran las Escrituras (Mt 26,54.56; 27,43, donde se cita el Salmo 22,8 s).

El proceso ante el sumo sacerdote, con los falsos testigos, culmina en la pregunta: «¡Te exijo bajo juramento en nombre del Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios!» (26,63). Jesús confiesa ser el Cristo, es decir, el Mesías, el Hijo de Dios, el Emmanuel, el Salvador: haber dicho la verdad es la causa de su condena a muerte, seguida de burlas, escupitajos, golpes y bofetadas.

Mateo añade —respecto a los otros evangelistas— el arrepentimiento de Judas, que devuelve a los sacerdotes el «precio de la sangre» y confiesa haber pecado «entregando sangre inocente» (27,4), pero parece no tener confianza en la misericordia divina y se ahorca. Es la primera muerte que el Evangelio relata y hace entender que Judas quiere expiar así su culpa. Sigue la muerte de Jesús, que en cambio expía las culpas de todos. Son los dos episodios más trágicos del Evangelio: por Judas que se desespera, pero aún más por Jesús que ama también a Judas, uno de sus discípulos, y da la vida por él y por todos. La negación de Pedro hace resaltar la extrema fragilidad humana y, al mismo tiempo, el afecto del Señor que con una mirada lo perdona.

En el proceso, mientras Pilato está sentado en el tribunal, cabe destacar la intervención de su esposa, una mujer pagana, que quiere salvar a un justo inocente; pero ante la pregunta de Pilato: «¿Qué mal ha hecho?», la multitud responde, instigada por los jefes de los sacerdotes: «¡Que sea crucificado!».

Paradójicamente, Jesús es coronado rey: su proclamación es la condena a muerte; la coronación se hace con una corona de espinas; el manto real es una vestidura de púrpura; el triunfo es la dolorosa vía crucis; el trono en el Calvario es la cruz. Finalmente, el título en tres lenguas sobre la cruz, para que todos entiendan: «Este es Jesús, el Rey de los judíos» (27,36).

Cuando Jesús muere en la cruz, se manifiesta el alcance universal del acontecimiento: el velo del Templo se rasga porque ha terminado la era antigua. El tiempo nuevo queda marcado por algunos muertos que resucitan (27,52). La confesión del centurión proclama: «En verdad, este era Hijo de Dios» (27,54).

Para todas las religiones, un Dios crucificado suena como una blasfemia, y un salvador asesinado es motivo de burla para todos; y sin embargo, esta blasfemia y esta burla son el núcleo de la fe cristiana.

Que la meditación de la Pasión nos ayude a comprender lo que el Señor Jesús ha hecho por nosotros, por mí.

El papa León XIV a los cristianos de Medio Oriente: «El cristiano está llamado a ser instrumento de paz, amor y reconciliación, para que la verdadera paz pueda prevalecer entre todos los pueblos».

Giancarlo Pani
Es un jesuita italiano. Entre 1979 y 2013 fue profesor de Historia del Cristianismo de la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad de La Sapienza, Roma. Obtuvo su láurea en 1971 en letras modernas, y luego se especializó en la Hochschule Sankt Georgen di Ffm con una tesis sobre el comentario a la Epístola a los Romanos de Martín Lutero. Entre 2015 y 2020 fue subdirector de La Civiltà Cattolica y ahora es escritor emérito.

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