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Emergencia en Etiopía: se espera que el «cese del fuego» evite la catástrofe humanitaria

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Horas de gran incertidumbre en Etiopía. Mientras el gobierno etíope proclamaba un cese del fuego unilateral en Tigray, tras ocho meses de conflicto con las fuerzas del ex partido de gobierno, el Frente de Liberación Popular de Tigray (FLPT), el portavoz del FLPT anunciaba la reconquista de la capital tigrina de Mekele.

La situación en terreno es, por lo tanto, todavía muy confusa. Sin embargo, se espera que el cese del fuego – que llega al inicio del período de siembra, la temporada de lluvias y la cosecha – pueda al menos atenuar la crisis humanitaria que se avecina. De acuerdo a los últimos datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, las personas desplazadas por el conflicto ascenderían al menos a 1,7 millones.

Los acontecimientos ocurren inmediatamente después de uno de los peores ataques en términos de víctimas civiles desde el inicio de la guerra. En efecto, el martes 22 de junio un ataque aéreo había alcanzado a un mercado abarrotado en la aldea de Togoga en Tigray. Fuentes sanitarias aseguraron que más de 80 personas han muerto. Este fue uno más de los tantos ataques mortales que ha sufrido una región devastada.

Es importante recordar que las autoridades de Addis Abeba habían declarado oficialmente haber terminado con las hostilidades el 27 de noviembre de 2020, con la toma de Mekele. Pero, en realidad, los enfrentamientos continuaron y hoy resulta muy difícil monitorear la evolución de la crisis.

Lo decíamos en la edición italiana de La Civiltà Cattolica al comienzo del año. Desde hace tiempo que el gobierno de Addis Abeba define las acciones militares en la provincia rebelde de Tigray, apoyados también por el gobierno eritreo, como una simple operación policial interna. Sin embargo, el conflicto ha adquirido los rasgos de una verdadera guerra civil, amenazando con hacer explotar al «frágil gigante de África», que alberga la sede de la Unión Africana y que debería haber sido, de acuerdo a algunos estudiosos, una de las locomotoras del renacimiento del continente africano.

Llama la atención, además, el papel asumido por el primer ministro Abiy Ahmed, premio Nobel de la paz 2019, que sorprendió incluso a las cancillerías y a la opinión pública internacional.

El Papa Francisco y la Santa Sede han seguido de cerca la evolución del conflicto desde el inicio. La comunidad católica local, que representa alrededor del 1% de la población etíope, está comprometida con la provisión de ayuda humanitaria.

Especialmente significativa ha sido la toma de posición de Abuna Matthias, patriarca de la Iglesia Ortodoxa Tewahedo de Etiopía, una autoridad religiosa y moral respetada en todo el país. En una declaración audiovisual lanzada el 8 de mayo pasado, el anciano patriarca condenó duramente la violencia en Tigray, su tierra natal, hablando abiertamente de «genocidio»: «Los soldados están deliberadamente masacrando a civiles de ciudad en ciudad, de aldea en aldea, masacrando mientras repiten: “no dormiremos hasta que la gente de Tigray no desaparezca de la faz de la tierra”». Declaraciones que provocaron el resentimiento de las autoridades de Addis Abeba, que le impusieron una suerte de arresto domiciliario. En el video, el jefe de la Iglesia Ortodoxa terminó con un llamado a la comunidad internacional: «los gobiernos del mundo deben hacer algo. Detener esta acción maligna es urgente: el homicidio y la masacre de inocentes. Deben detenerse y el mundo debe luchar para detenerlos».

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