Conversaciones

«Una experiencia desbordante»

El Papa Francisco a los poetas y artistas

© Vaticannews.va

Entre el 25 y el 27 de mayo de 2023, se celebró en la sede de «La Civiltà Cattolica» un congreso titulado «The Global Aesthetics of the Catholic Imagination», organizado por nuestra revista y la «Georgetown University» de Washington. El encuentro reunió a más de 40 artistas – entre poetas, narradores, guionistas y cineastas de diversos países del mundo – que se identifican como católicos, o que sienten que el catolicismo ha sido una dimensión formativa de su desarrollo artístico[1]. Entablaron una conversación sobre las dimensiones espirituales y religiosas que siguen conformando su imaginario poético y literario. Se plantearon muchas preguntas: ¿cómo experimentan los artistas de diversas culturas el catolicismo como recurso para su trabajo creativo? ¿Cuáles son las formas en que la fe interroga la vida, explora la condición humana y responde al hambre de sentido? ¿Cómo utilizan los artistas ciertos discursos – a veces incluso transgresores o heterodoxos – que cuestionan la herencia intelectual, social o política en la que se vive esta fe en el mundo contemporáneo? Las principales intervenciones corrieron a cargo del Card. José Tolentino de Mendonça, Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, y el P. Antonio Spadaro, Director de «La Civiltà Cattolica». El último día tuvo lugar una conversación entre el director Martin Scorsese – que vino a Roma para la ocasión – y el P. Spadaro. El sábado 27 de mayo, a las 10:30 horas, los participantes y sus familiares fueron recibidos en audiencia por el Papa Francisco, que se dirigió a los asistentes con el discurso que reproducimos a continuación.

***

Queridos hermanos y hermanas, ¡bienvenidos!

Saludo y doy las gracias al padre Antonio Spadaro, Director de La Civiltà Cattolica, y al profesor John DeGioia, Presidente de la Georgetown University. Me alegra encontrarme con ustedes en el marco de este congreso que reúne a poetas, escritores, guionistas y cineastas de diversas partes del mundo en torno al tema de la imaginación poética y la inspiración católica. Sé que en los últimos días han reflexionado sobre el modo en que la fe interroga a la vida contemporánea, tratando de dar respuesta a nuestra hambre de sentido. Este «sentido» no es reducible a un concepto, no. Es un significado total, que involucra poesía, símbolo y sentimiento. El verdadero significado no es el del diccionario: ese es el sentido de la palabra, y la palabra es un instrumento de todo lo que hay en nosotros.

En mi vida he admirado a muchos poetas y escritores, entre los que recuerdo a Dante, Dostoievski y otros. También tengo que dar las gracias a mis alumnos del Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, con los que compartí mis lecturas de juventud y a los que enseñé literatura. Las palabras de los escritores me ayudaron a comprenderme a mí mismo, al mundo, a mi pueblo; pero también a profundizar en el corazón humano, en mi vida personal de fe, e incluso en mi tarea pastoral, aún ahora en este ministerio. Porque la palabra literaria es como una espina en el corazón que te mueve a la contemplación y te pone en camino. La poesía es abierta, te lanza a otro lugar. A partir de esta experiencia personal, me gustaría compartir hoy, con ustedes, algunas reflexiones sobre la importancia de su servicio.

La primera reflexión me gustaría expresarla así: ustedes son ojos que miran y que sueñan. No sólo hay que mirar, también hay que soñar. Los seres humanos anhelamos un mundo nuevo que probablemente no veremos del todo con nuestros propios ojos, y sin embargo lo deseamos, lo buscamos, lo soñamos. Un escritor latinoamericano decía que tenemos dos ojos: uno de carne y otro de cristal. Con el de carne miramos lo que vemos, con el de cristal miramos lo que soñamos. Pobres de nosotros si dejamos de soñar, ¡pobres de nosotros!

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El artista es un hombre que con sus ojos mira y al mismo tiempo sueña, ve más hondo, profetiza, anuncia una manera distinta de ver y entender las cosas que están ante nuestros ojos. En efecto, la poesía no habla de la realidad a partir de principios abstractos, sino escuchando la realidad misma: el trabajo, el amor, la muerte y todas las pequeñas grandes cosas que llenan la vida. Y, en este sentido, nos ayuda a «captar la voz de Dios incluso desde la voz del tiempo»[2]. El suyo es, en palabras de Paul Claudel, un «ojo que oye». El arte es un antídoto contra la mentalidad del cálculo y la uniformidad; es un desafío a nuestra imaginación, a nuestra manera de ver y entender las cosas. Y, en este sentido, el Evangelio mismo es un desafío artístico, con una carga «revolucionaria» que ustedes están llamados a expresar a través de su genio, con una palabra que protesta, que llama, que grita. Hoy la Iglesia necesita su genio, porque necesita protestar, llamar y gritar.

Pero me gustaría decir una segunda cosa: ustedes también son la voz de las inquietudes humanas. A menudo las inquietudes están enterradas en lo más profundo del corazón. Ustedes saben bien que la inspiración artística no sólo es reconfortante, sino también inquietante, porque presenta tanto las bellas realidades de la vida como las trágicas. El arte es el terreno fértil en el que se expresan las «oposiciones polares» de la realidad[3], que siempre requieren un lenguaje creativo y no rígido, capaz de transmitir mensajes y visiones poderosas. Pensemos, por ejemplo, en el relato de Dostoievski en Los hermanos Karamazov, sobre un niño pequeño, hijo de una criada, que lanza una piedra y golpea la pata de uno de los perros de su amo. Entonces el amo pone a todos los perros contra el niño. Éste huye e intenta salvarse de la furia de la jauría, pero acaba siendo despedazado bajo los ojos satisfechos del general y los desesperados de su madre. Esta escena tiene un tremendo poder artístico y político: habla de la realidad de ayer y de hoy, de las guerras, de los conflictos sociales, de nuestros egoísmos personales. Por citar sólo un pasaje poético que nos interpela.

Y no me refiero sólo a la crítica social de ese pasaje. Hablo de las tensiones del alma, de la complejidad de las decisiones, de la naturaleza contradictoria de la existencia. Hay cosas en la vida que, a veces, ni siquiera podemos comprender o para las que no encontramos las palabras adecuadas: éste es su terreno fértil, su campo de acción. Y éste es también el lugar donde a menudo se hace experiencia de Dios. Una experiencia que siempre es «desbordante»: no puedes con ella, la sientes y va más allá; siempre es desbordante, la experiencia de Dios, como una piscina en la que cae agua constantemente y, al cabo de un rato, se llena y el agua se rebalsa, se desborda. Es esto lo que me gustaría pedirles hoy: que vayan más allá de los bordes cerrados y definidos, que sean creativos, sin domesticar sus inquietudes y las de la humanidad. Temo este proceso de domesticación, porque quita creatividad, quita poesía. Hay que captar los deseos inquietos que habitan en el corazón humano con la palabra de la poesía, para que no se enfríen y no se apaguen. Este trabajo permite al Espíritu actuar, crear armonía dentro de las tensiones y contradicciones de la vida humana, mantener encendido el fuego de las buenas pasiones y contribuir al crecimiento de la belleza en todas sus formas, esa belleza que se expresa precisamente a través de la riqueza de las artes.

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Este es su trabajo como poetas, narradores, directores, artistas: dar vida, dar cuerpo, dar palabras a todo lo que los seres humanos viven, sienten, sueñan, sufren, creando armonía y belleza. Es una labor evangélica que también nos ayuda a comprender mejor a Dios, como gran poeta de la humanidad. ¿Los criticarán? Bien, soporten el peso de la crítica, y traten también de aprender de la crítica. Pero, aun así, no dejen de ser originales, creativos. No pierdan la maravilla de estar vivos.

Así que, ojos soñadores, voz de la inquietud humana; y por eso ustedes también tienen una gran responsabilidad. ¿Y cuál es? Esta es la tercera cosa que me gustaría decirles: están entre los que dan forma a nuestra imaginación. Esto es importante. Su trabajo, de hecho, tiene consecuencias en la imaginación espiritual de la gente de nuestro tiempo, especialmente en lo que se refiere a la figura de Cristo. En este tiempo nuestro – como ya he tenido ocasión de decir – «necesitamos el genio de un lenguaje nuevo, de historias e imágenes poderosas, de escritores, poetas, artistas capaces de gritar al mundo el mensaje del Evangelio, de hacernos ver a Jesús»[4].

Su trabajo nos ayuda a ver a Jesús, a sanar nuestra imaginación de todo lo que oscurece su rostro o, peor aún, de todo lo que quiere domesticarlo. Domesticar el rostro de Cristo, como para intentar definirlo y encerrarlo en nuestros esquemas, es destruir su imagen. El Señor siempre nos sorprende, Cristo siempre es más grande, es siempre un misterio que de alguna manera se nos escapa. Difícilmente podríamos enmarcarlo y colgarlo en la pared. Siempre nos sorprende, y cuando no sentimos que el Señor nos sorprende, algo va mal: nuestro corazón está acabado, está cerrado.

He aquí el desafío para la imaginación católica de nuestro tiempo, el desafío que se les entrega: no «explicar» el misterio de Cristo, que en realidad es inagotable; sino hacernos tocarlo, hacernos sentirlo inmediatamente cercano, entregárnoslo como realidad viva, y hacernos captar la belleza de su promesa. Porque su promesa ayuda a nuestra imaginación: ¡nos ayuda a imaginar de un modo nuevo nuestra vida, nuestra historia y el futuro de la humanidad! Y aquí vuelvo a otra de las obras maestras de Dostoievski, una pequeña, pero que encierra todas estas cosas: las «Memorias del subsuelo». Ahí dentro está toda la grandeza de la humanidad y todas las penas de la humanidad, todas las miserias, juntas. Ese es el camino.

Queridos amigos, gracias por su servicio. Sigan soñando, sigan inquietos, sigan imaginando palabras y visiones que nos ayuden a leer el misterio de la vida humana y a orientar nuestras sociedades hacia la belleza y la fraternidad universal. Ayúdennos de nuevo a abrir nuestra imaginación para superar los estrechos confines del yo y abrirnos al santo misterio de Dios. Sigan adelante, incansables, con creatividad y valentía. Los bendigo y rezo por ustedes; y ustedes también, por favor, recen por mí. Gracias.

  1. El programa del congreso contó con la presencia de los poetas: Ewa Chrusciel (Polonia/USA); Tadeusz Dąbrowski (Polonia); Hilary Davies (Inglaterra); John F. Deane (Irlanda); Moira Egan (Irlanda/Italia); Pietro Federico (Italia); Daniele Gigli (Italia); Róisín Kelly (Irlanda); Philip Metres (USA); Angela Alaimo O’Donnell (USA); Sally Read (Inglaterra/Italia). Participaron también los escritores: Christopher Beha (USA); Jane Borges (India); Randy Boyagoda (Canadá); Emmanuel Bueya, S.I. (RDC); Liam Callanan (USA); sr. Dominica Dipio (Uganda); Naresh Fernandes (India); Phil Klay (USA); Okey Ndibe (Nigeria/USA); Alice McDermott (USA); Michael John O’Malley (USA). Dominica Dipio (Uganda); Naresh Fernandes (India); Phil Klay (USA); Okey Ndibe (Nigeria/USA); Alice McDermott (USA); Michael John O’Neil (Escocia/Irlanda del Norte); Enuma Okoro (Nigeria/USA); Yvonne Owuor (Kenia); Chika Unigwe (Nigeria/USA).
  2. K. Rahner, La libertà di parola nella Chiesa. Le proposte del cristianesimo, Turín, Borla, 1964, 37.
  3. Cfr R. Guardini, L’opposizione polare. Saggio per una filosofia del concreto vivente, Brescia, Morcelliana, 1977.
  4. Francisco, «Prefacio», en A. Spadaro, Una trama divina. Gesù in controcampo, Venecia, Marsilio, 2023, 10. Véase la siguiente traducción en español: https://www.laciviltacattolica.es/2023/02/03/una-trama-divina/
Papa Francisco
Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, hijo de un empleado ferroviario piamontés. A los 21 años entró como novicio en la Compañía de Jesús. Fue ordenado sacerdote en 1969, obispo auxiliar de Buenos Aires en 1992, arzobispo de la misma ciudad en 1998 y cardenal en 2001. Fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013 con el nombre de Francisco.

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