Vida de la Iglesia

Hacia la segunda sesión del Sínodo 2021-2024

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Prosigue expedito el proceso del Sínodo 2021-2024, «Por una Iglesia sinodal. Comunión, participación, misión». Acabamos de superar la mitad del intervalo que media entre la primera Sesión de la XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos (4-29 de octubre de 2023) y la segunda, que tendrá lugar en Roma del 2 al 27 de octubre de 2024. Es comprensible que haya muchos «trabajos en curso» y que su ritmo esté a menudo sujeto a bruscas aceleraciones. Por ello, corren el riesgo de parecer fragmentarios. Para evitar que esto ocurra, puede ser útil una presentación concisa de las distintas orientaciones, componiéndolas con una visión de conjunto, que las sitúe en un marco de referencia y restablezca su articulación. Las páginas siguientes están dedicadas a este fin.

El punto de partida no puede ser otro que el sentido de todo el proceso sinodal, que pretende hacer a la Iglesia más capaz de «caminar unida» para cumplir su misión de anunciar el Evangelio de manera significativa y convincente a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. En el corazón del Sínodo está el dinamismo de la misión, sin el cual se reduciría a un ejercicio en el que la Iglesia se mira en el espejo y ordena los procedimientos para el funcionamiento de su aparato. No es éste el caso. Todas las actividades en curso están impregnadas de este impulso misionero, sin el cual no serían plenamente comprensibles. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta la naturaleza específica de la institución sinodal, con sus peculiaridades y sus normas de referencia.

La naturaleza del Sínodo

La referencia obligada en este sentido es la Constitución Apostólica Episcopalis communio (EC) sobre el Sínodo de los Obispos, promulgada por el Papa Francisco el 15 de septiembre de 2018, en sustitución del «motu proprio» Apostolica sollicitudo, con el que, el 15 de septiembre de 1965, Pablo VI había instituido el Sínodo de los Obispos. Como señala la Episcopalis communio, «aunque en su composición se configure como un organismo esencialmente episcopal, el Sínodo no vive separado del resto de los fieles. Al contrario, es un instrumento apto para dar voz a todo el Pueblo de Dios precisamente por medio de los Obispos» (EC 6). En otras palabras, la nueva Constitución Apostólica subraya el carácter de proceso eclesial de la institución sinodal, que no puede reducirse a un acontecimiento puntual, es decir, a una Asamblea de obispos reunida en Roma para tratar un tema específico. La Asamblea, que sigue estando compuesta mayoritariamente por obispos, manteniendo así su carácter episcopal, desempeña un papel crucial dentro del proceso sinodal, pero no representa su objetivo último, ni su punto de llegada.

En particular, la EC identifica tres fases de un proceso sinodal, y el Sínodo 2021-24 también está estructurado sobre esta base[1]. La primera fase es la de la consulta y la escucha del Pueblo de Dios, que ha visto a toda la Iglesia comprometida desde la apertura del Sínodo (octubre de 2021) hasta la clausura de la etapa continental (marzo de 2023). En un dinamismo de diálogo a diferentes niveles (local, nacional, continental y universal), las Iglesias reexaminaron su experiencia para comprender mejor lo que significa «caminar juntas» como creyentes en Cristo, enviados a anunciar su Evangelio al mundo.

La segunda fase es la del discernimiento, en la que, partiendo de la toma de conciencia y de los interrogantes surgidos en la fase anterior, se intenta identificar qué pasos se siente llamada a dar la Iglesia para crecer en su dimensión sinodal. La Asamblea Sinodal es la protagonista de esta fase, en las dos Sesiones en que se divide. En la primera trabajó sobre las ideas que el Instrumentum laboris recogió de la fase anterior, identificando una serie de convergencias y divergencias, de temas a profundizar y de pasos a dar que la Relación de Síntesis (RdS) relanza a toda la Iglesia. La segunda Sesión completará el discernimiento y ofrecerá sus frutos al Santo Padre.

La tercera fase, por último, es la de la puesta en práctica: a partir de los trabajos de la Asamblea sinodal, corresponderá al Papa indicar en qué dirección avanzar, confiando a las Iglesias locales la tarea de «encarnar» estas indicaciones en las peculiaridades de los diversos contextos locales, o bien prever caminos para profundizar en las cuestiones que lo requieran.

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De esta exploración se desprende un punto en el que Apostolica sollicitudo y EC coinciden con gran claridad, y que es importante no perder de vista: el carácter consultivo de la institución sinodal, concebida desde su origen como instrumento de colaboración en el ejercicio del ministerio del Papa. La EC afirma al respecto: «el Sínodo, nuevo en su institución pero antiquísimo en su inspiración, colabora eficazmente con el Romano Pontífice, según las formas por él mismo establecidas, en las cuestiones de mayor importancia, es decir aquellas que requieren especial ciencia y prudencia para el bien de toda la Iglesia. De tal manera, el Sínodo de los Obispos, “que obra en nombre de todo el episcopado católico, manifiesta, al mismo tiempo, que todos los Obispos en comunión jerárquica son partícipes de la solicitud de toda la Iglesia”» (EC 1). La importancia del momento asambleario en el proceso sinodal hace que sea fácil compararlo con las asambleas parlamentarias, lo que, sin embargo, es engañoso. En los sistemas democráticos, en efecto, el Parlamento es titular de un poder originario y soberano – el legislativo – y, en el dinamismo de los frenos y contrapesos, entra en relación dialéctica con los órganos que desempeñan las funciones ejecutiva y judicial. Este no es el caso de la Asamblea sinodal, ni el papel del Pontífice puede concebirse en analogía con el de un Ejecutivo. Nos damos cuenta de ello inmediatamente cuando recordamos que el Papa es por estatuto presidente del Sínodo, lo convoca, establece su tema y recibe sus resultados. La arquitectura institucional de la Iglesia no puede remontarse a la de los sistemas democráticos.

«Relación de síntesis», confluencia del camino de escucha y discernimiento

En este marco de sentido hay que situar y comprender las líneas concretas por las que sigue avanzando el proceso sinodal. Todas ellas encuentran una referencia ineludible en la RdS. No se trata de un documento final, sino de una recopilación razonada de los temas surgidos durante el debate asambleario, de los puntos de convergencia y divergencia registrados, de las cuestiones que la Asamblea considera necesario seguir profundizando y de las propuestas de pasos a dar.

Con una Carta enviada al Card. Mario Grech, Secretario General del Sínodo, el 22 de febrero de 2024, el Papa Francisco, primer destinatario de la RdS, indica a la Iglesia universal una serie de caminos para seguir su contenido, de manera adecuada a su variedad, continuando la estela del documento Hacia octubre de 2024, que aprobó y publicó el 11 de diciembre de 2023. Desempeña así su tarea como presidente del Sínodo, a la escucha de los resultados de la primera Sesión (octubre 2023), recogidos en la RdS, así como de los frutos de la fase de consulta y escucha en la que trabajó la Asamblea.

El primer objetivo, como afirma la Carta, es permitir «a la Asamblea, en su Segunda Sesión, enfocar más fácilmente el tema general que le asigné en ese momento, y que ahora puede resumirse en la pregunta: “¿Cómo podemos ser una Iglesia sinodal en misión?”». Al mismo tiempo, la Carta del 22 de febrero subraya que la RdS contiene estímulos más amplios, entre ellos «numerosas e importantes cuestiones teológicas, todas relacionadas en distinta medida con la renovación sinodal de la Iglesia y no faltas de repercusiones jurídicas y pastorales [que…], por su naturaleza, exigen un estudio en profundidad».

Para afrontarlas, está previsto un camino ad hoc, sobre el que volveremos, mientras que a la Secretaría General del Sínodo se le confía la tarea fundamental de garantizar que los trabajos avancen de manera coordinada y a la escucha de los resultados gradualmente alcanzados a lo largo de los distintos ejes, ofreciendo a la Asamblea de octubre de 2024 las oportunas actualizaciones.

Centrar la Segunda Sesión en el tema de la sinodalidad

Una primera dirección de trabajo debe servir, pues, a la preparación de la Segunda Sesión. Su pregunta orientadora – «¿Cómo ser una Iglesia sinodal en misión?» – fue lanzada a las Iglesias locales de todo el mundo en coherencia con el estilo del Sínodo 2021-24. Como explica el documento Hacia octubre de 2024, el objetivo de esta nueva consulta es «identificar los caminos a seguir y los instrumentos a adoptar en los diferentes contextos y circunstancias, para potenciar la originalidad de cada bautizado y de cada Iglesia en la misión única de anunciar al Señor Resucitado y su Evangelio al mundo de hoy. No se trata, por tanto, de limitarse al plan de mejoras técnicas o de procedimiento que hagan más eficaces las estructuras de la Iglesia, sino de trabajar en las formas concretas del compromiso misionero al que estamos llamados, en el dinamismo entre unidad y diversidad propio de una Iglesia sinodal».

En esta línea de concreción de la misión van muchos estímulos de la RdS, que no por casualidad dedica un capítulo a la nueva frontera de la presencia de la Iglesia en la cultura digital, o al modo de favorecer la participación de los pobres en la vida de la Iglesia, para que la evangelicen, como pide la exhortación apostólica Evangelii gaudium. Inspirándose en el incipit de la Constitución dogmática Lumen gentium, la Asamblea reflexiona sobre la misión de la Iglesia del siguiente modo: «En un mundo marcado por la violencia y la fragmentación, parece cada vez más urgente dar testimonio de la unidad de la humanidad, de su origen común y de su destino común, en una solidaridad coordinada y fraterna en favor de la justicia social, la paz, la reconciliación y el cuidado de la casa común, superando así el potencial divisorio de algunas formas erróneas de entender la referencia a un lugar, a sus habitantes y a su cultura» (RdS 5 f).

Las reflexiones de las Iglesias locales en respuesta a la pregunta orientadora constituirán la base para la redacción del Instrumentum laboris de la Segunda Sesión, que estará así enraizado en la experiencia vivida por el Pueblo de Dios en todo el mundo. A estas contribuciones se añadirán otras, a partir de los resultados del Encuentro Internacional «Párrocos para el Sínodo» (Sacrofano [Roma], 28 de abril – 2 de mayo de 2024), con el fin de escuchar a los presbíteros comprometidos en el ministerio pastoral e implicarlos más estrechamente en el proceso sinodal. Se trata de una necesidad que ha surgido en varias ocasiones y que también fue recogida por la primera Sesión.

Por último, los frutos de cinco Grupos de Trabajo constituidos por la Secretaría General del Sínodo, que incluirán expertos de diversa procedencia geográfica, género y condición eclesial, llamados a trabajar con el método sinodal, alimentarán la redacción del Instrumentum laboris. La constitución de estos cinco Grupos responde a la necesidad, reiteradamente expresada por la RdS, de promover una profundización teológica y canonística de la noción de sinodalidad y de sus implicaciones para la vida de la Iglesia, a distintos niveles. Esbozando el plan de trabajo de estos Grupos se encuentra el documento ¿Cómo ser una Iglesia sinodal en misión? Cinco perspectivas para profundizar teológicamente con vistas a la Segunda Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, publicado por la Secretaría General del Sínodo el 14 de marzo de 2023, al que nos remitimos para una información más detallada.

Los temas que se examinarán permiten captar la pertinencia de las cuestiones que se abordarán durante la segunda Sesión, así como las diferentes perspectivas desde las que se llevarán a cabo los trabajos. En particular, será necesario bajar la cuestión directriz a los diferentes niveles de la vida de la Iglesia, con el fin de revelar el rostro sinodal misionero de la Iglesia local, de las agrupaciones de Iglesias y de la Iglesia universal. En el primer nivel, se abordarán el sentido y las formas del ministerio del obispo diocesano, por ejemplo, la manera de prever formas regulares de verificación de quienes ejercen un ministerio (ordenado o no ordenado), o el modo de funcionamiento de los órganos de participación. A nivel de agrupaciones de Iglesias, se trabajará, por ejemplo, sobre el estatuto y las funciones de las Conferencias Episcopales y sobre la manera de vivir la comunión eclesial y la colegialidad episcopal a escala continental. Por último, en el plano de la Iglesia universal, se reflexionará, por una parte, sobre la identidad de la institución sinodal, en particular sobre la articulación entre el papel de los obispos y la participación del pueblo de Dios en todas las fases del proceso y, por otra, sobre la relación entre la sinodalidad eclesial, la colegialidad episcopal y el primado del Obispo de Roma, sobre los modos de ejercicio de este último y sobre el papel de la Curia romana.

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Al abordar estos tres niveles, también será importante tener presentes dos perspectivas fundamentales que los atraviesan y orientan. La primera se refiere al método sinodal y está relacionada con la petición formulada por varias Iglesias de que la dinámica de la «conversación en el Espíritu» impregne todos los niveles de la vida de la Iglesia y guíe el funcionamiento de los órganos de participación y las formas en que se llevan a cabo los procesos de toma de decisiones. Esto responde también al deseo de hacer cada vez más evidentes los fundamentos espirituales y litúrgicos del camino hacia una Iglesia sinodal misionera. La segunda perspectiva exige considerar la articulación entre el carácter local de cada comunidad cristiana, llamada a encarnar la fe en un contexto cultural y social portador de peculiaridades específicas, y el aliento global, cada vez más amplio, de la catolicidad. En una época en la que la concepción del espacio y la relación con el lugar están cambiando rápidamente, por un lado, crece la experiencia de la variedad de culturas, también como resultado de las distintas formas de movilidad humana, grandes migraciones incluidas; y, por otro, la omnipresencia de lo digital reconfigura espacios y territorios y exige la recomposición de las conexiones de los distintos niveles.

Acoger ahora algunas de las propuestas de la Asamblea

Como ya hemos visto, según el Papa Francisco, la RdS contiene una riqueza de ideas que van más allá del enfoque temático de la segunda Sesión, que acabamos de ilustrar. Por su relevancia, el Pontífice asume inmediatamente la indicación de la Asamblea sobre la necesidad de profundizar en ellas, sin esperar a la conclusión de la segunda Sesión, con el riesgo de dejarlas caer. A través de una consulta internacional, identifica 10 temas surgidos de la RdS, que la Carta del 22 de febrero enumera y para cada uno de los cuales ordena la constitución de un Grupo de Estudio, para trabajar sobre la base de un esquema preparado por la Secretaría General del Sínodo y contenido en el documento Grupos de Estudio sobre las cuestiones surgidas en la Primera Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, a profundizar en colaboración con los Dicasterios de la Curia Romana, difundido el 14 de marzo de 2024. Este documento recoge esencialmente las reflexiones y preguntas surgidas en el debate de la Asamblea y las relanzan a los Grupos de Estudio, que deberán completar el estudio en profundidad posiblemente antes de junio de 2025, si bien presentarán a la segunda Sesión un informe sobre los progresos realizados.

Así, la puesta en práctica de algunas de las peticiones y propuestas de la Asamblea comienza inmediatamente, en la forma indicada por la EC: «Junto al Dicasterio de la Curia Romana competente, y, según el tema y las circunstancias, junto a los demás Dicasterios implicados de diversos modos, la Secretaría General del Sínodo promueve por su propia parte la implementación de las orientaciones sinodales aprobadas por el Romano Pontífice» (EC 20, c. 1). En otras palabras, la primera Sesión ya ha cumplido su tarea consultiva y de colaboración, permitiendo al Papa Francisco identificar algunas líneas de trabajo que deben ser objeto de un seguimiento concreto, sin necesidad de nuevos trabajos asamblearios.

Si el citado Esquema de trabajo nos permite centrar mejor el perfil y los objetivos del estudio en profundidad, la simple enumeración de los 10 temas, por breve que sea, pone de relieve su relevancia para la vida de la Iglesia:

1. Algunos aspectos de las relaciones entre las Iglesias orientales católicas y la Iglesia latina (RdS 6).

2. La escucha del clamor de los pobres (RdS 4 y 16).

3. La misión en el entorno digital (RdS 17).

4. La revisión de la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis en perspectiva sinodal misionera (RdS 11).

5. La participación de todos los bautizados en la misión de la Iglesia y las diversas formas de ministerio eclesial: algunas cuestiones teológicas y canónicas (RdS 8 y 9).

6. La revisión, en una perspectiva sinodal y misionera, de los documentos que regulan las relaciones entre obispos, religiosos, agregaciones eclesiales (RdS 10).

7. Algunos aspectos de la figura y del ministerio del obispo (en particular: criterios de selección de los candidatos al episcopado; función judicial del obispo; naturaleza y desarrollo de las visitas ad limina apostolorum) en una perspectiva sinodal misionera (RdS 12 y 13).

8. El papel de los representantes papales en una perspectiva misionera sinodal (RdS 13).

9. Criterios teológicos y metodologías sinodales para un discernimiento compartido de cuestiones doctrinales, pastorales y éticas controvertidas (RdS 15).

10. La recepción de los frutos del camino ecuménico en el Pueblo de Dios (RdS 7).

Además del arraigo de los 10 temas en la RdS, que también se destaca en la lista, es importante subrayar cómo el trabajo de estos Grupos encaja plenamente en el dinamismo sinodal. En primer lugar, estarán formados por pastores y expertos de todos los continentes y, como especifica la Carta, tendrán en cuenta «no sólo los estudios existentes, sino también las experiencias más relevantes que tengan lugar en el Pueblo de Dios reunido en las Iglesias locales». En segundo lugar, trabajarán «según un método auténticamente sinodal», que la Secretaría General del Sínodo se encarga de garantizar. De este modo, constituirán talleres de sinodalidad, gracias a los cuales crecerán en la capacidad de «caminar juntos», a la escucha del Espíritu Santo, no sólo durante la Asamblea, sino también en la puesta en práctica de sus orientaciones.

En esta línea, es igualmente significativo que la coordinación de los Grupos de Estudio sea confiada a los Dicasterios de la Curia Romana competentes para los distintos temas, de acuerdo con la Secretaría General del Sínodo, en el espíritu del Quirógrafo firmado por el Papa Francisco el 16 de febrero de 2024 y de la Constitución Apostólica Praedicate evangelium, que en su artículo 33 establece: «Las instituciones curiales colaboran, según sus respectivas competencias específicas, en la actividad de la Secretaría General del Sínodo, de acuerdo a lo dispuesto en la legislación específica del Sínodo mismo, que colabora efectivamente con el Romano Pontífice, según los métodos establecidos por el mismo o por establecerse, en asuntos de mayor importancia, para el bien de toda la Iglesia». La renovación sinodal de la Iglesia interpela también a la Curia romana y se realiza también mediante la experimentación concreta de nuevas formas de trabajo.

Ampliar el dinamismo sinodal

No podemos concluir sin mencionar la tercera línea de compromiso indicada en el documento Hacia octubre de 2024: la importancia de que cada Iglesia local mantenga vivo el dinamismo sinodal en su vida ordinaria, ofreciendo a un mayor número de personas la oportunidad de experimentarlo directamente, con especial atención a los pobres y a aquellos que quedan al margen de la vida comunitaria. La sinodalidad interpela a cada comunidad cristiana a escuchar al Espíritu para renovar la forma de llevar adelante la única misión que el Señor ha confiado a todos sus discípulos.

La RdS constituye la referencia privilegiada para esta directriz. En primer lugar, a nivel concreto, sus contenidos brindan la oportunidad de ofrecer al pueblo de Dios nuevas experiencias de sinodalidad. Cada Iglesia local ha sido invitada a identificar las solicitudes de la RdS que resulten más significativas en su contexto y promover las iniciativas adecuadas para su profundización (actividades formativas, estudios teológicos, celebraciones en estilo sinodal, consultas de base, escucha de poblaciones minoritarias y grupos que viven en condiciones de pobreza y marginalidad social, espacios para abordar cuestiones controvertidas, etc.), recurriendo nuevamente a los métodos ya probados con éxito durante la primera fase, en particular la conversación en el Espíritu. La información sobre estos procesos que las Iglesias locales deseen compartir, según las formas indicadas en el documento Hacia octubre de 2024, estará disponible en la segunda Sesión.

A otro nivel, se da seguimiento a un deseo de la Asamblea sinodal que la RdS expresa con claridad: «Aquí en Roma éramos solo algunos, pero el sentido del camino sinodal iniciado por el Santo Padre es el de involucrar a todos los bautizados. Deseamos ardientemente que esto ocurra y queremos comprometernos para hacerlo posible». En su raíz, hay una conciencia de que la sinodalidad es mucho más que un recurso organizativo: es un camino a través del cual el pueblo de Dios encuentra a su Señor, que lo colma de sus dones y lo invita a continuar. «La Asamblea ha hablado frecuentemente de esperanza, sanación, reconciliación y restauración de la confianza entre los muchos dones que el Espíritu ha derramado sobre la Iglesia durante este proceso sinodal» (RdS 1 e). La gracia, que admite a los bautizados a participar en la comunión trinitaria, precede y acompaña su envío en misión y nutre a la Iglesia comprometida en dar testimonio del Señor resucitado, caminando junto a mujeres y hombres de todos los tiempos y lugares.

  1. Más información sobre las distintas fases del Sínodo 2021-24, así como los documentos oficiales y recursos relacionados, están disponibles en el sitio web www.synod.va
Giacomo Costa
Cursó sus estudios en filosofía y teología, y luego obtuvo un máster en Sociología Política y Moral en la EHESS (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales) de París. En 2005 se incorporó a la redacción de la revista Aggiornamenti Sociali, de la que fue redactor jefe en 2007 y director en 2010. En noviembre de 2017 fue nombrado por el Papa Francisco Secretario Especial de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada en octubre de 2018, sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Entre sus publicaciones destacan el ensayo Il discernimento (Ediciones San Paolo, 2018) y el volumen Il lavoro è dignità, en coautoría con Paolo Foglizzo (Ediesse, 2018), una selección de los principales discursos del papa Francisco sobre el tema del trabajo.

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