Biblia

El buen pastor

El Buen Pastor. Mausoleo de Gala Placidia, Rávena

Jesús dijo: «Les aseguro que el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino que sube por otro lado, es un ladrón y bandido. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. A este, el portero le abre, las ovejas escu­chan su voz, él llama a sus ovejas por el nombre y las saca fuera. Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño nunca lo seguirán, sino que huyen de él, porque no reconocen su voz». Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no entendieron lo que les quería decir.

Jesús les dijo de nuevo: «Les aseguro: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí eran ladrones y bandidos, y las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta. El que entre por mí estará a salvo, y podrá entrar y salir y encontrará alimento. El ladrón no viene más que para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia». (Jn 10,1-10).

Quien escucha la Palabra del Señor y recibe el bautismo obtiene el don del Espíritu (primera lectura) y pasa a formar parte de la Iglesia de Cristo, la comunidad de los salvados (Hch 2,41). El libro de los Hechos insiste en la dimensión comunitaria de la salvación, y es la misma que el evangelista Juan retoma en el Evangelio al presentar la imagen de la Iglesia como un redil.

Dicha imagen aparece varias veces en la Biblia, pero el Evangelio de hoy pone de relieve un contexto en el que se da un contraste: por un lado está el Buen Pastor; por otro, los ladrones y bandidos. De ahí surge una tensión en la que vive la misma Iglesia.

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En el texto griego, el Pastor es llamado propiamente el «Pastor bello»: es bueno/bello por su persona y por la misión salvífica a la que ha dedicado su vida en obediencia al Padre. No ha venido a tomar o robar, como los ladrones y salteadores, sino a dar y darse: «He venido para que tengan vida y vida en abundancia» (Jn 10,10). Él conoce a sus ovejas y las llama por su nombre (los pastores, por la noche, reunían varios rebaños con un guardián y por la mañana llamaban a las ovejas una a una para sacarlas). Ellas conocen su voz y lo siguen, pero no conocen la de un extraño ni lo siguen. Él las guía caminando delante de ellas y las conduce a pastos verdes (cf. el Salmo 22, del Buen Pastor, que se lee después de la primera lectura). El Señor abre nuestro camino, guía hacia la vida; es una presencia que anima, tranquiliza, da fuerza y está siempre con nosotros, incluso en los valles oscuros de la existencia.

Esto, en tiempos de Jesús, era conocido por todos; hoy, en cambio, la parábola no nos parece adecuada a nuestra mentalidad. No atrae la imagen del hombre comparado con la oveja, también porque hoy tal comparación tiene una connotación negativa…; cada uno quiere seguir los ideales que más le gustan, y la sociedad moderna ofrece muchos, todos atractivos y a menudo también… esclavizantes.

¿Qué nos enseña entonces el Evangelio? Es una invitación a escuchar al Pastor, «la puerta», el paso hacia la salvación. Él es el sacramento del que procede la Gracia y toda gracia. Es la Pascua hecha persona, el paso de la esclavitud a la libertad. La Iglesia «sigue al pastor bello, que no conoce otro poder que el de servir, otra violencia que la de amar, otra riqueza que la de dar, otra victoria que la de perdonar» (S. Fausti, Juan, 247).

En la segunda lectura, Pedro afirma que «Cristo padeció por ustedes, dejándoles un ejemplo, para que sigan sus huellas» (1 Pe 2,21): es una llamada al seguimiento, pero también a una valiente aceptación de nuestras cruces, para resucitar con él.

El papa León XIV en Camerún: «Cada gesto de solidaridad y perdón, cada iniciativa de bien es un bocado de pan para la humanidad necesitada de cuidados. Y, sin embargo, esto no es suficiente. Al alimento que nutre el cuerpo hay que unir, con igual caridad, el alimento del alma, que nutre nuestra conciencia, que nos sostiene en la hora oscura del miedo, en medio de las tinieblas del sufrimiento. Este alimento es Cristo»[1].

  1. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260417-camerun-messa-japoma-stadium.html

Giancarlo Pani
Es un jesuita italiano. Entre 1979 y 2013 fue profesor de Historia del Cristianismo de la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad de La Sapienza, Roma. Obtuvo su láurea en 1971 en letras modernas, y luego se especializó en la Hochschule Sankt Georgen di Ffm con una tesis sobre el comentario a la Epístola a los Romanos de Martín Lutero. Entre 2015 y 2020 fue subdirector de La Civiltà Cattolica y ahora es escritor emérito.

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