CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Los “astroaficionados” en el jardín

Cuando la belleza del cielo se revela a todos

Si es cierto que llevamos con nosotros la cámara fotográfica que preferimos, sin duda la de los teléfonos inteligentes debe de ser la más difundida del mundo. Su propia tecnología digital —sobre todo por su sensibilidad a la poca luz— ha revolucionado las capacidades de los pequeños telescopios que muchos aficionados, los «astroaficionados», utilizan en sus jardines. Hoy en día, los astroaficionados producen imágenes del cielo nocturno que rivalizan en belleza con las de los observatorios profesionales. Basta con tomarse el tiempo necesario para realizar numerosas exposiciones con telescopio y cámara, junto con el uso de programas informáticos ya ampliamente disponibles, capaces de seleccionar los mejores fotogramas y combinarlos en una única imagen final de gran calidad. La belleza del cielo puede así ser «captada» telescópicamente incluso mediante observaciones realizadas de forma independiente.

Muchos astroaficionados se limitan a disfrutar de sus propias imágenes, a mostrarlas a familiares y amigos y a comentarlas con otros entusiastas en encuentros de asociaciones. Otros, en cambio, comprenden que estas contienen información sobre el universo —es decir, datos científicos—, siempre que estén correctamente calibradas e interpretadas. Además, se dan cuenta de que, aunque disponen de telescopios más pequeños que los profesionales, poseen una ventaja decisiva: sus equipos están disponibles cada noche despejada. Esto hace que su contribución sea valiosa para el seguimiento de las variaciones de los objetos celestes. De este modo, dejan de ser simples apasionados para convertirse en verdaderos observadores astroaficionados, que con sus pequeños telescopios colaboran con los observatorios profesionales en la producción de nuevo conocimiento científico.

El padre Christopher Corbally, S.I., astrónomo del Observatorio Vaticano, comenzó a colaborar regularmente con estos observadores aficionados en los primeros meses de la pandemia de Covid, cuando fue invitado a intervenir en un «Spectroscopy Discussion Group» que se reunía en línea cada dos semanas. Corbally quedó inmediatamente impresionado por el entusiasmo, las competencias y la dedicación científica de los participantes.

Poco después, el padre Corbally habló de este grupo a un colega de larga data, Richard O. Gray, de la Appalachian State University (EEUU), quien lo había consultado para la observación de un interesante sistema binario. Se trataba de «TU Tauri A y B», dos estrellas presumiblemente en órbita mutua que parecían intercambiar materia desde la componente más luminosa «A» hacia la más débil «B». Corbally podía proporcionar a Gray espectros detallados del sistema utilizando el Vatican Advanced Technology Telescope situado en el Monte Graham, en Arizona, mientras el «Spectroscopy Discussion Group», involucrado en la investigación, monitorizaba regularmente la visibilidad de la componente «B».

A la izquierda: Espectros de TU Tauri obtenidos con diferentes instrumentos, entre ellos (abajo) el Vatican Advanced Technology Telescope (VATT). Los gráficos muestran la longitud de onda (color) en el eje horizontal y la intensidad en el eje vertical.

A la derecha: Un observatorio típico con un pequeño telescopio, en este caso equipado con un instrumento principal de 35 cm (14 pulgadas) de diámetro (negro) y un telescopio auxiliar más pequeño (blanco), ambos montados sobre la misma estructura (créditos: Wikimedia Commons). A modo de comparación, el VATT ocuparía toda la habitación

Ocurría un hecho curioso: la componente «B» variaba en luminosidad y en detalles espectrales, hasta llegar a desaparecer por completo. La hipótesis del grupo sobre lo que estaba ocurriendo fue publicada, junto con las observaciones de apoyo, en el artículo de 2023 «TU Tau B: The Peculiar “Eclipse” of a Possible Proto-barium Giant», aparecido en The Astronomical Journal. Las observaciones del grupo continúan todavía hoy para verificar cuándo la componente «B» podrá reaparecer y, mientras tanto, poner a prueba dicha hipótesis.

Este éxito dio origen a una nueva colaboración propuesta por Gray, esta vez sobre un sistema binario aún más complejo, conocido con la sigla catalográfica HD 5501. Las observaciones conjuntas de este sistema —en el que la componente más débil no es directamente observable, salvo a través de los efectos periódicos que ejerce sobre la más luminosa— han conducido, gracias a sofisticados modelos teóricos elaborados por Gray, a delinear un escenario en el que ambas estrellas se encuentran en una fase breve y fascinante de su evolución común, de unos 170.000 años de duración, un intervalo muy breve para una estrella. También en este caso se ha publicado un artículo («HD 5501: A Rapidly Evolving Interacting Eclipsing Binary with a Variable Light Curve and Hα Emission», en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 2025) y las observaciones continúan actualmente.

El padre Corbally mantiene también colaboración con otros dos grupos mixtos de astrónomos profesionales y observadores aficionados. Nacidos en contextos distintos con prioridades diferentes en el uso de la instrumentación, todos los participantes convergen, sin embargo, hacia un objetivo común: producir y publicar investigación científica de calidad (por ejemplo, el artículo «MG1-688432: A Peculiar Variable System», publicado en The Astrophysical Journal Supplement Series en 2021). En las reuniones y actividades de estos grupos colaborativos se respira un fuerte espíritu de amistad, que lleva a todos a descubrir lo gratificante que resulta conocer el cielo, contribuir al avance de la investigación científica y publicar sus resultados en las principales revistas del ámbito astronómico.

 

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