Entrevista a Karen Vanessa Pérez Martínez, responsable nacional de la dirección del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en México
México es uno de los diez países del mundo con mayor presencia de personas que buscan refugio y, como consecuencia del endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos, ha dejado de ser únicamente un país de tránsito para convertirse en un lugar donde miles de personas permanecen atrapadas en una especie de «limbo jurídico», expuestas a la violencia del crimen organizado y privadas de redes de protección adecuadas. Reconocido como el principal cruce de las migraciones en el continente americano, en los últimos diez años México ha experimentado un aumento exponencial del número de países de origen de los migrantes. Sin embargo, la falta de estructuras de acogida y los prolongados tiempos de espera hacen que, con frecuencia, resulte imposible satisfacer incluso las necesidades más básicas, como la alimentación, el alojamiento y la atención sanitaria.
Una realidad que evoca las recientes palabras del papa León XIV, dirigidas a las organizaciones comprometidas con la acogida de migrantes en las islas Canarias al término de su viaje apostólico a España. «La dignidad humana – afirmó el Santo Padre – exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera»[1].
En este complejo escenario migratorio, el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) acompaña a migrantes y solicitantes de asilo, ofreciéndoles asistencia humanitaria, apoyo jurídico y procesos de integración en las comunidades locales.
¿Cómo ha cambiado últimamente el fenómeno migratorio y cuáles son los principales desafíos que observan hoy en día en el país? Se lo preguntamos a Karen Vanessa Pérez Martínez, responsable de la dirección nacional del JRS México
Actualmente, México ha sufrido un cambio importante con respecto a la situación migratoria. Estamos hablando de personas que se encuentran en una situación inestable respecto a sus proyectos de vida y esto tiene que ver con el cierre de la frontera entre México y Estados Unidos. Si bien el fenómeno no ha pausado el tránsito las personas que llegan a las fronteras o al interior del país, éstas se encuentran en un limbo legal, sin redes de apoyo y con necesidades de protección internacional. A su vez, México sigue siendo uno de los 10 países con mayor presencia de población que busca refugio por distintas situaciones, como el riesgo que corren en sus países de origen.
De los principales desafíos que encontramos está la nula respuesta de las autoridades migratorias encargadas de facilitar procesos, como las solicitudes de refugio y, evidentemente, el tema de la seguridad. México atraviesa una crisis importante en temas de desaparición forzada, lo que, aunado a los altos costos que implica ser migrante en distintas regiones, la presencia del crimen organizado y de grupos criminales, ha causado que muchas personas sean víctimas de violencias graves. Esto en medio de un desmantelamiento de las redes de apoyo. Específicamente hablamos de las organizaciones defensoras de derechos humanos, que nos hemos visto sumamente afectadas por los recortes de recursos económicos.
En su trabajo en México se encuentran con personas de muchos países, con historias y necesidades diferentes. ¿Ha aumentado con los años el número de países de origen? ¿Existen vulnerabilidades específicas entre los migrantes y los solicitantes de asilo?
Sí, durante los últimos 10 años el incremento exponencial de distintos países se ha convertido, incluso, en una situación muy relevante en medio de los retos culturales y de idioma. Hemos identificado más de 110 nacionalidades de todas partes del mundo. Sin embargo, quienes llegan de África, Asia, Medio Oriente, el Caribe y Centro América, tienen mayor necesidad de proyección internacional.
Es importante señalar que existen muchas vulnerabilidades entre las personas que llegan a las distintas fronteras del país. Las personas sufren de discriminación, xenofobia, malos tratos y poca o nula respuesta, por la cantidad de personas y necesidades que existen. La falta de espacios de acogida, de oportunidades de trabajo, los largos tiempos de espera, se traducen en la imposibilidad de cubrir alimentos, hospedaje y necesidades básicas de salud. Hay personas que se quedan sin consumir alimentos durante el día, por la precariedad. Esto ocurre tanto para las personas migrantes como solicitantes de asilo.
En los últimos meses se han endurecido las políticas migratorias a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos. ¿Qué consecuencias tienen estas medidas en la vida de las personas? ¿Logran estas medidas desalentar las salidas? ¿Y qué impacto están teniendo en las rutas migratorias?
Es importante mencionar que las principales consecuencias se ven reflejadas en su salud mental y física. Las personas han tenido situaciones de desgaste relevantes, pasando por la falta de empleo, espacios seguros para poder vivir, violencia que se traduce en una exposición a grupos criminales y desaparición forzada. El impacto es altísimo. Las personas se encuentran replanteando sus proyectos de vida; existe en ellas una percepción de miedo con respecto al futuro próximo, y mientras eso pasa, las personas prefieren quedarse en México, incluso si son deportadas. Nos estamos enfrentando a una narrativa que ha sido secundada por todas las personas que han tenido que regresar de norte a sur, teniendo claro el mensaje: «NO CRUCEN LA FRONTERA, NO HAY PASO». Esto sin duda ha impactado a México en el incremento de solicitudes de refugio, en la actual y creciente militarización de fronteras, en la violencia incrementada en las rutas, así como en la búsqueda de nuevas formas de poder moverse dentro del país.
¿Cómo está respondiendo México a este nuevo escenario? ¿Cuál es la percepción de la gente y qué medidas han tomado las instituciones en favor de los migrantes y los refugiados?
Quienes estamos atendiendo esta situación nos hemos acercado de la manera en la que podemos. Esto porque nos vimos vulneradas, solas y con una situación de recortes financieros que tuvo impactos muy fuertes en nuestro trabajo. Nos vimos obligadas a cerrar oficinas, limitar atenciones, cerrar albergues, repartir menos alimentos, hacer más trámites, etc.; y decidimos organizarnos como lo hemos hecho en otras emergencias, para escucharnos y pensar de qué manera podríamos responder, ubicar las principales necesidades y ajustarnos entre quienes aún podemos cuidar de las personas. La gente nos ha señalado su quiebre emocional, su cambio de planes, en gran medida producto de una intimidación frente a la idea de pisar territorio estadounidense; las mismas personas han comenzado a buscar formas de integrarse a las comunidades. Por ello, la apuesta en el acompañamiento ha sido en temas de salud mental y legal, pero con un énfasis en la integración comunitaria. Las personas han apostado por permanecer en México e iniciar sus procesos, pero también esperan que cambie algo en la política migratoria con el país vecino.
En el último número de La Civiltà Cattolica, citamos la declaración de los obispos estadounidenses sobre los migrantes de noviembre de 2025: «Nosotros, los obispos, apoyamos una reforma significativa de las leyes y los procedimientos de nuestro país en materia de inmigración. La dignidad humana y la seguridad nacional no están en conflicto». ¿Es posible hoy reformar las leyes y los procedimientos de inmigración respetando la dignidad humana?
Es posible, siempre y cuando haya voluntad de todas las partes. En el marco legal hay muchos retos y limbos jurídicos que requieren una interpretación real, cercana y humana, puesto que el tema migratorio pesa mucho en los países, y en México mucho más. La cantidad de personas que han solicitado refugio es muy alta y hay muy poca respuesta. Sobre los procesos, me parece que mucho de lo que se ha mencionado sobre el respeto a la dignidad humana golpea cuando las personas se ven rebasadas por condiciones complejas, precisamente agravadas por la aplicación de estos procedimientos migratorios llevados por las autoridades competentes.
El JRS México habla de una misión basada en tres verbos: acompañar, servir y defender. ¿Cómo se traducen concretamente estos principios en la asistencia diaria a las personas en movimiento?
Desde el acompañamiento que hemos realizado a lo largo de tantos años, nuestra manera de proceder ha sido siempre poniendo a las personas en el centro de manera digna y respetuosa, es decir, la asistencia diaria ha ido cambiando respecto a las capacidades, tiempos y necesidades. Buscamos que las personas puedan tener todas las herramientas que les permitan tomar la mejor decisión para su plan de vida, con conciencia y con lo que dentro de nuestras redes de apoyo podamos complementar. Ahora mismo hemos apostado por un acompañamiento integral que permita acompañar (valga la redundancia) a las personas en sus procesos legales, así como en sus procesos personales, con empatía, con certeza de que nuestro acompañamiento es esta posibilidad que permite darle un lugar a cada individuo, aún en medio de las crisis. Hacer comunidad y construirla entre todas y todos nos ha permitido comprender y situarnos en la realidad con las capacidades y recursos con los que contamos; aun cuando estos sean limitados, nuestro compromiso no lo es.
Además de la asistencia humanitaria y legal, el JRS invierte mucho en la integración comunitaria. ¿Por qué es tan importante acompañar a las personas incluso después de la emergencia y qué resultados están observando?
El JRS en México ha vivido muchas etapas de crisis migratorias y dentro de ellas hemos sido testigos de que se necesita vincular a las personas con la comunidad, no solo porque ahora han decidido quedarse en mayor número, sino porque esto ha permitido acompañar procesos que han resultado en la transformación de muchas vidas a lo largo de los años. Para nosotros acompañar estos procesos ha significado aprender de las personas, ver cómo logran desarrollar sus capacidades. Para nosotros implementar proyectos que permitan facilitar espacios, acceso a servicios, educación e inclusión económica, ha generado que otras personas se sumen en acciones concretas. El resultado de que esto es un buen camino se ve en la resiliencia, la creación de oportunidades y la construcción de una comunidad que ve fortalecidas sus capacidades, y para nosotros eso es algo increíble.
- https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/giugno/documents/20260611-spagna-accoglienza-migranti.html ↑


