NOTICIAS

León XIV en Canarias. «Su defensa de los migrantes resonará con fuerza»

Entrevista al P. Josep Buades Fuster, S.I., capellán de Stella Maris de la diócesis de Canarias

Jóvenes acogidos en las Casas de Hospitalidad de ECCA Social, junto a técnicos, voluntarios y familias.

Entre el 6 y el 12 de junio, el papa León XIV estará en España con motivo de su cuarto viaje apostólico. Un compromiso anunciado desde hace tiempo y que estará acompañado por el lema «Alzad la mirada», tomado del Evangelio de Juan, que invita a elevar la vista más allá de las preocupaciones cotidianas para redescubrir la presencia de Dios y abrirse a los demás. Entre las numerosas etapas previstas, una de las más esperadas será sin duda la que llevará por primera vez a un Pontífice a las Islas Canarias. Serán dos días dedicados casi por completo al tema de los migrantes y a la acogida que caracteriza al pueblo canario, como recordó el propio León XIV el pasado 10 de mayo durante el rezo del Regina Caeli, agradeciendo a la población del archipiélago «por haber permitido la llegada del crucero Hondius con los enfermos de hantavirus».

¿Qué significa vivir en una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo? Se lo preguntamos al P. Josep Buades Fuster, S.I. Destinado a la fundación ECCA Social, el P. Buades cuenta con una larga experiencia en el Servicio Jesuita a Migrantes en España. Capellán de Stella Maris, el Apostolado del Mar en la diócesis de Canarias, también es miembro de la delegación diocesana de migraciones y participa en la Red Eclesial de Hospitalidad Atlántica.

Canarias está cerca de las costas africanas noroccidentales: 112 kilómetros separan Tarfaya (Marruecos) de Puerto del Rosario, en la isla de Fuerteventura. Unos 220 kilómetros distan entre otros puntos de Marruecos y de Canarias: El Uatia (puerto de Tan-Tan) y Arrecife, en Lanzarote; El Marsa y el puerto de Arguineguín, en Gran Canaria; o Bojador y Arguineguín. Pero en los últimos años hay más movimientos en rutas más largas: los 800 kilómetros entre los puertos mauritanos de Nuadibú o Nuakchot y los puertos canarios de La Restinga (El Hierro) o Los Cristianos (Tenerife). Y si pensamos en Dakar (Senegal) o Banjul (Gambia), las distancias están entre 1.400 y 1.500 Km.

Las travesías en embarcaciones Zodiac semirrígidas en las «distancias cortas» podrían cubrirse en dos o tres días, como las intermedias en una semana y las largas en diez días. Eso sería en condiciones ideales para la navegación, que se ven pocas veces. Hay quien permanece dos o tres semanas en el mar. Son viajes peligrosos. Agotar el combustible deja a la merced de las corrientes que llevan hacia el sudoeste, mar adentro, o del viento (los alisios suelen empujar hacia el Sur). Errar el rumbo, interna hacia puntos ciegos del océano. Quienes llegan vivos a Canarias, portan las marcas de quemaduras, insolación, deshidratación, hipotermia, además del trauma psicológico de haber visto a otros perder la vida.

La población total de Canarias es comparable a la de una gran ciudad europea, pero los desafíos a los que debe enfrentarse son más complejos, también debido a la distancia con el Viejo Continente. ¿Cómo afronta la población local estos desafíos, sobre todo el de la acogida de los migrantes?

Hay años que quedan en la memoria: 2006, por la primera «crisis de los cayucos», cuando entraron en Canarias más de 31.000 personas por vía marítima; 2020, por la reactivación de la «ruta canaria», cuando entraron 23.000 personas después de 12 años con muy pocas llegadas; 2023, por la entrada de casi 40.000 y 2024 cuando entraron casi 47.000 migrantes.

El primer reto es administrativo: dónde albergar a tantas personas durante los primeros trámites de identificación, cómo derivar al sistema de acogida de refugiados a quien necesita protección internacional, cómo proteger a la infancia y adolescencia que migra sin familiares adultos, cómo detectar a las víctimas de trata, qué hacer con las personas que quedan en situación irregular cuando no es posible la devolución a sus países de origen.

A finales de 2020 y a comienzos de 2021 las autoridades, siguiendo directrices políticas europeas, intentaron que los migrantes llegados a Canarias no pasaran hacia la Península. Imaginaban, en vano, que esto desincentivaría la «ruta atlántica». El precio fue someter a los migrantes a condiciones de vida indignas y a la población canaria a mucho agobio. Quedó la sensación de vivir en «islas-cárcel». Afortunadamente, las autoridades renunciaron a aquella política: no impidieron el viaje a quien tenía pasaporte y podía volar, así como organizaron traslados a la Península de personas vulnerables.

¿Qué dicen los últimos datos disponibles? ¿Cuáles son las últimas tendencias de las llegadas de migrantes? ¿Quiénes son los que deciden emprender el viaje a través de esta ruta? ¿Cuál es el destino de su viaje?

En 2025, hubo 17.788 extranjeros que entraron irregularmente en Canarias. En 2026, hasta el 30 de abril, han entrado 2.276: aproximadamente un 22% de la cifra en el mismo período de 2025.

Pero, cuidado: temo que la atención que prestamos a la ruta migratoria atlántica distorsione los datos de realidad sobre la población de origen inmigrante en Canarias. En efecto, un 23% de la población residente en Canarias ha nacido en el extranjero, aunque solo un 15% de la población residente es oficialmente extranjera. Muchas personas inmigrantes ya han adquirido la nacionalidad española por residencia y no pocas vinieron ya como españolas de origen nacidas en Venezuela o Cuba. Los principales grupos de población residente nacidos en el extranjero proceden de Venezuela, Cuba, Colombia, Italia, Marruecos, Alemania, Reino Unido y Argentina. A comienzos de 2025, todos estos grupos sumaban 356.00 personas, cuando la población residente total se acercaba a los 2.260.000 habitantes. En buena medida, la inmigración de Venezuela y Cuba tiene raíces canarias, de donde salieron tantos emigrantes. Quitando a la población nacida en Marruecos, hay pocos africanos residentes en Canarias: se trata sobre todo de jóvenes que habían estado bajo tutela del gobierno de Canarias y permanecen tras su mayoría de edad. La mayor parte de los migrantes africanos siguen su recorrido hacia la Península, algunos a otros países europeos.

El Papa dedicará mucho tiempo a la cuestión de los migrantes. El primer encuentro, en el puerto de Arguineguín, será precisamente con las entidades que se ocupan de la acogida. Luego, al día siguiente, el Papa se reunirá con los migrantes en el centro «Las Raíces». ¿Cómo se gestiona la acogida en las islas?

Antes hablaba de una dimensión administrativa de la acogida. Sin embargo, como dinámica social, va mucho más allá de las primeras formalidades. Comprende actividades como acompañar en el proceso de arraigo social, en la inclusión laboral, en la formación y la regularización. Exige velar por los derechos de quienes afrontan la amenaza de la expulsión por meras razones administrativas, o de quienes son víctimas de la explotación. Más todavía, nos mueve a cultivar un «nosotros» más amplio, haciendo frente a las tentaciones de afirmar una «preferencia nacional», de dividir.

La sociedad canaria es consciente de la importancia que tuvo la emigración para la supervivencia de las generaciones anteriores. Y aprecia el vínculo de sangre con los inmigrantes que portan algo de sangre canaria de sus ancestros. Es una sociedad consciente de su lugar entre Europa, África y América. El Gobierno de Canarias participa de esta sensibilidad, lo mismo que ambas diócesis: la Canariense y la Nivariense.

Hay una iniciativa muy bonita que liga a ambas diócesis con otras de la Península: los «Corredores de Hospitalidad», un proyecto integral de acogida coordinado entre ambas diócesis canarias y las peninsulares. Cáritas y los Secretariados de Migraciones seleccionan perfiles – frecuentemente jóvenes extutelados o personas en situación de alta vulnerabilidad –, preparan su traslado a entidades sociales eclesiásticas de otras diócesis y coordinan la recepción. Las diócesis receptoras en la Península asumen el alojamiento, la formación, el acompañamiento legal y la búsqueda de empleo para la integración real de estas personas en sus nuevos destinos, descongestionando así los recursos limitados del archipiélago canario. También existen otros programas, tanto diocesanos como de congregaciones religiosas, de acogida de menores, hogares para jóvenes extutelados o mujeres que salen de la trata, formación e inserción laboral.

Como jesuitas, ¿cuál es su presencia histórica en las islas y cuál es su contribución a favor de la comunidad local?

La Compañía de Jesús tiene una relación con Canarias desde muy antiguo: San José de Anchieta, el gran apóstol del Brasil, nació en Tenerife. En 1570, sufrieron martirio en el puerto de Tazacorte (La Palma) el beato Inácio de Azevedo y sus 39 compañeros. Quedan testimonios arquitectónicos de la Compañía antes de la expulsión de 1767, como la iglesia de San Francisco de Borja en Las Palmas de Gran Canaria.

Hoy, junto a la comunidad jesuita, destacan varias obras apostólicas: en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria se encuentra el colegio de San Ignacio de Loyola; en todo el archipiélago, la fundación ECCA.edu, obra compartida con el gobierno de Canarias, ofrece educación para personas adultas actualizando el legado de Radio ECCA; y la fundación ECCA Social trabaja con personas migrantes, y desarrolla programas dirigidos a la infancia, las mujeres y la cooperación educativa, tanto en Canarias como en otras regiones de España y varios países de África occidental. También existen dos pequeños centros de espiritualidad en Gran Canaria y Tenerife, un Centro Loyola, y los jesuitas acompañan a las Comunidades de Vida Cristiana (CVX), colaboran como consiliarios con los Equipos de Nuestra Señora y participan en varias pastorales diocesanas, como la de migraciones, la penitenciaria o Stella Maris.

Este año, por primera vez en la historia, un Pontífice visitará las Islas Canarias. ¿Qué significado tiene para ustedes esta visita?

El Santo Padre llega a Canarias en un momento en el que se ha convertido en referente moral universal, más allá de los fieles católicos: sobre todo por sus llamamientos a la paz y la justicia. En este contexto, resonará con más fuerza su defensa de las personas migrantes. Confío en que esta resonancia mueva a las conciencias de quienes formamos la opinión pública y contribuya a poner fin a la instrumentalización política del fenómeno migratorio.

Pero no esperamos solo un faro moral, sino también aliento espiritual para la acogida, el acompañamiento, el servicio, la defensa de las personas en situación de vulnerabilidad: no-nacidas, inmigrantes, víctimas de tantas formas de maldad o injusticia. Sí, esperamos que la luz del Vicario de Cristo fortalezca los vínculos de comunión eclesial, que nos abra los ojos para reconocer en ella al propio Cristo, y en el servicio de la caridad y la justicia el criterio del juicio de Dios. Su visita durará dos días apenas, pero confiamos en saber conservar y transmitir la memoria de su presencia pastoral y de su magisterio.

 

Comments are closed.