La primera encíclica de León XIV sobre «la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial»
Junto con el de la paz, la Inteligencia Artificial ha sido ciertamente uno de los primeros temas abordados por el papa León XIV en su primer año de pontificado. Ya en su discurso al Colegio cardenalicio, dos días después de su elección, León XIV se había referido a este desafío explicando las razones que llevaron a la elección del nombre como Pontífice: «El papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial, y hoy la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo». Un año después de esta intervención, llega la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica humanitas, sobre el tema de «la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial». La encíclica se publicará el próximo 25 de mayo y lleva la firma del Pontífice con fecha del 15 de mayo, precisamente en el 135º aniversario de la promulgación de la encíclica Rerum Novarum.
Al tema de las inteligencias artificiales, La Civiltà Cattolica ha dedicado una atenta reflexión, profundizando en sus diversos aspectos, potencialidades y posibles riesgos en diferentes contribuciones a lo largo de estos últimos años.
La inteligencia artificial (IA), en efecto, no es solo una ayuda técnica que puede simplificar la vida cotidiana, sino que plantea nuevas cuestiones éticas y antropológicas, porque puede influir en decisiones importantes de la vida humana y cambiar la forma en que entendemos la inteligencia y el conocimiento. De estas profundas transformaciones culturales, científicas y tecnológicas de nuestro tiempo –entre las que se incluye también la IA– habla el documento Quo vadis, humanitas?, publicado por la Comisión Teológica Internacional, autorizado para su publicación el 9 de febrero de 2026 por el card. Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, previo asentimiento del papa León XIV. Un documento – como se lee en nuestro artículo – que no considera la tecnología solo como una cuestión técnica, sino sobre todo como una cuestión antropológica, capaz de transformar el modo en que el hombre se comprende a sí mismo.
El documento de la Iglesia que anticipa la reflexión de León XIV sobre la IA es ciertamente Antiqua et nova, la Nota conjunta del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación. Se trata de uno de los últimos documentos aprobados por el papa Francisco y ofrece un análisis completo e informado del amplio espectro de cuestiones éticas concernientes a la inteligencia artificial y su relación con la inteligencia humana. Un documento extenso – con 117 párrafos y 215 notas a pie de página – que trata de responder a preguntas urgentes sobre el futuro de la IA: ¿será programada para acompañar, apoyar y potenciar al hombre o para sustituirlo? ¿Y puede la Iglesia tener voz en este ámbito? En nuestro artículo, analizamos a fondo los principales presupuestos filosóficos y teológicos de la Nota, subrayando cómo en ella se evitan, por un lado, el progresismo ingenuo y, por otro, el «tecnopesimismo».
Para comprender mejor la que muchos consideran la nueva «revolución industrial» de nuestro tiempo, sin embargo, es necesario profundizar también en sus implicaciones económicas y políticas internacionales, como hemos subrayado en nuestro reciente artículo. Aunque en algunos ámbitos las expectativas respecto a la revolución de la inteligencia artificial sigan siendo elevadas, por ahora permanecen en gran parte especulativas, porque muchas de sus consecuencias concretas no serán observables hasta que dicha revolución no se haya efectivamente realizado. ¿En qué medida cambiará la IA el mundo? ¿Introducirá nuevos modelos de poder político, social y económico, o reforzará los anteriores? ¿De qué modo las autoridades políticas gestionarán y gobernarán tales cambios, en el caso de que lo hagan? Nadie conoce las respuestas a estas preguntas, y la sociedad humana se encuentra en un momento de fuerte incertidumbre.
Por muchos lugares, entretanto, se plantea la necesidad y la urgencia de una regulación clara y robusta de este nuevo ámbito de la tecnología, como explicamos en una reciente publicación. Si la «inteligencia artificial generativa», tal como la conocemos, no es consciente y no desarrollará autoconciencia, eso no significa que no pueda ser peligrosa. Requiere, por tanto, una continua regulación, que será una tarea permanente ética, teológica y espiritual nuestra, es decir, verdaderamente humana. Un discernimiento que necesitaría también de la guía del magisterio eclesial.
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