Espiritualidad

El magisterio de las metáforas

El papa Francisco y la palabra de Dios

El carácter inasimilable del papa Francisco es proporcional al de las Escrituras bíblicas que él amaba, también ellas inasimilables. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento hay algo obstinado, resistente y radicalmente narrativo (o incluso radicalmente poético) que encontramos también en la persona de Jorge Mario Bergoglio, gran lector de la Biblia y de la literatura[1]. La Biblia es una piedra de tropiezo, como lo fue el propio papa Francisco. Sin duda, hay que partir de este dato, que une al papa Francisco con la Biblia que lo inspiraba: el de una palabra tenaz, sorprendente y liberadora. Un episodio evangélico nos ayudará a hacer una «composición de lugar» en este sentido.

En un artículo publicado en 2024 en la revista America, titulado «El énfasis del papa Francisco en la Biblia y la misericordia —y por qué esto incomoda a tantos católicos», John W. Martens retoma el relato del endemoniado en Mc 5[2]. Resume así su desenlace: «Después de que Jesús expulsó los espíritus impuros del hombre que vivía entre las tumbas, la gente le suplica que se marche. En cambio, el hombre liberado le ruega poder seguirlo. Jesús se lo niega y le dice: “Vuelve a tu casa, con los tuyos, y anúnciales todo lo que el Señor ha hecho contigo y la misericordia que ha tenido de ti” (Mc 5,19)». En este punto, Martens cita el comentario del teólogo Micah D. Kiel, quien en Reading the Bible in the Age of Francis escribe: «La misericordia es la sorpresa que la gente no quiere, porque significa que no tiene ninguna manera de prever qué hará Dios y con quién lo hará»[3]. Martens continúa: «Para el endemoniado, aquel a quien se le ha manifestado la misericordia, esta misericordia es una sorpresa que trae una inmensa alegría. Para la gente de la región, en cambio, ocurre lo contrario: cuando fueron “a ver lo que había sucedido […], tuvieron miedo” (Mc 5,14-15). Querían que Jesús se fuera».

Es significativo que la alegría —la del endemoniado curado por Jesús y la del pueblo de Dios ante la insistencia de Bergoglio en la misericordia divina— sea una alegría que no ha conocido retorno atrás. Para Ignacio de Loyola, la alegría que perdura es un criterio —si no el criterio por excelencia— que certifica la acción de Dios[4]. Las páginas que siguen explorarán el asombro y la alegría suscitados en la Iglesia y en el mundo por la palabra del papa Francisco en su modo de hacer viva la Palabra de Dios. A propósito del Evangelio, él afirmó que «cuando escuchamos […] las palabras de Dios, no se trata sólo de escuchar, de entender; no. Esas palabras deben llegar al corazón y causar lo que he mencionado: “estupor”. La Palabra de Dios siempre nos sorprende, siempre nos renueva, entra en el corazón y nos renueva siempre»[5].

Inscríbete a la newsletter

Cada viernes recibirás nuestros artículos gratuitamente en tu correo electrónico.

Expresiones brújula

Podríamos comenzar esta exploración del Bergoglio «bíblico» observando su estilo en sus extensos comentarios de las Escrituras. En esos momentos, es un narrador consumado, que evoca el arte del narrador bíblico. Lo vemos especialmente en una entrevista concedida a la periodista Stefania Falasca, publicada en 2007 en la revista 30 Giorni[6]. En cierto momento, el arzobispo de Buenos Aires pregunta a su interlocutora: «¿Conoce el episodio bíblico del profeta Jonás?». La manera en que Bergoglio reelabora el relato bíblico es admirable. En la historia que cuenta reaparecen también los grandes temas que constituirán el kerygma de su mensaje: la libertad divina y las sorpresas que esta reserva; Dios incansablemente misericordioso; la advertencia contra la autorreferencialidad; la salida hacia las periferias, etc. Lo más impresionante, sin embargo, reside en la organicidad narrativa de estos temas. Cuando se trata de articular estos elementos entre sí —las opciones fundamentales de su ministerio pastoral—, Bergoglio no recurre a un sistema teológico, sino a un relato bíblico. Este funciona a la vez como guion y como lente de aumento (magnifying glass, se diría en inglés) del sorprendente designio de Dios.

Sin embargo, las páginas que siguen se centrarán en las formas «breves» del comentario bíblico del papa Francisco, formuladas en pocas palabras a partir de un pasaje bíblico. En este sentido, el magisterio de Bergoglio ha sido un «magisterio de las metáforas»[7]. Pastor y poeta, supo forjar «palabras brújula» que, como veremos, poseen siempre un valor narrativo: están vinculadas a una historia bíblica, particularmente evangélica, que vuelven a activar a su alrededor.

Hablar de la oración como de una «lucha contra Dios» significa evocar la historia de Jacob en Génesis 32: en el vado del Jaboc, el patriarca es sorprendido, en la oscuridad de la noche, por un misterioso adversario que finalmente lo bendice[8]. La metáfora pone de relieve que la oración es mucho más que una práctica devocional: es un compromiso, en cuerpo y alma, con el Dios que nos sale al encuentro y nos sorprende. «Todos nosotros tenemos una cita en la noche con Dios, en la noche de nuestra vida, en las muchas noches de nuestra vida».

Hablar del «pastor con olor a oveja» significa traer a la memoria el episodio relatado por Jesús en Lucas 15,3-7 acerca de la oveja encontrada por el pastor: «Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría» (v. 5; cf. Is 40,11; 49,22). Difícilmente podría expresarse mejor la exigencia de que los pastores estén lo más cerca posible del pueblo de Dios, compartiendo su vida, sus alegrías y sus sufrimientos.

Hablar de una «Iglesia en salida» significa evocar el llamado dirigido a Abraham en Génesis 12,1 («Vete de tu tierra») y la salida de Egipto en Éxodo 3–15, pero también el impulso misionero de la Iglesia primitiva (cf. Mt 28,16-20; Hch 1,8)[9]. En la exhortación apostólica Evangelii gaudium (2013), Francisco deseó «una salida constante [de la Iglesia] hacia las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ámbitos socioculturales» (n. 30).

Hablar del «Dios de las sorpresas»[10] significa evocar especialmente Isaías 29,5-6, que pone de relieve el carácter repentino de la intervención salvadora de Dios: «Pero de repente, en un instante, serás visitada por el Señor de los ejércitos[11]». Significa también traer a la memoria episodios bíblicos centrados en las sorpresas divinas: la revelación en la zarza ardiente en Ex 3,6; la intervención nocturna de Dios en favor de David en 1 Sam 26,12; o también, en el Nuevo Testamento, la transfiguración de Jesús en el monte (cf. Mt 17,3: «Y de pronto…») y, de manera eminente, su resurrección. El carácter súbito de la sorpresa divina resuena asimismo en el relato de Pentecostés: «De repente vino del cielo un ruido, como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa donde se encontraban» (Hch 2,2). La sorpresa se manifiesta en el ritmo mismo de una experiencia, pero también en aquello que excede nuestras expectativas. El autor de la carta a los Efesios subraya esta capacidad divina de superar toda previsión: «A aquel que es capaz de hacer infinitamente más de lo que podemos pedir o pensar, por el poder que obra en nosotros» (Ef 3,20).

El interés de las metáforas creadas a partir del texto de las Sagradas Escrituras —y su superioridad respecto de las definiciones conceptuales de matriz filosófica o teológica— reside en que permiten al pueblo de Dios experimentar la fidelidad de Dios a su Palabra. En 1 Sam 3,19, a propósito de la misión del joven Samuel, el narrador afirma que Dios no dejó «caer por tierra ninguna de sus palabras». En un oráculo dirigido al profeta Jeremías, Dios añade: «Yo vigilo sobre mi palabra para realizarla» (Jer 1,12).

Una dinámica análoga de cumplimiento se encuentra en la labor de los escribas bíblicos, en lo que la investigación actual denomina «el fenómeno de la “reescritura” (Fortschreibung[12]. Esta reescritura tiene la particularidad de ser lematizada, es decir, de utilizar el texto antiguo, en sus unidades lingüísticas constitutivas (los lemas), como matriz de un texto nuevo. Así, en Éxodo 34,6-7, los atributos divinos —misericordia y justicia— son reescritos en el orden inverso al que aparecen en Éxodo 20,5-6 (donde la justicia precede a la misericordia). Se trata de mostrar que el Dios de la alianza permanece fiel a sí mismo precisamente en el movimiento mediante el cual cambia. Retomando y reorganizando los lemas del texto matriz, los escribas inscribieron lo nuevo en lo antiguo. Es el fenómeno que la exégesis contemporánea denomina «hermenéutica de la innovación», a la vez conservadora e innovadora, que caracterizó el crecimiento del corpus de las Escrituras. Jesús, que elogió a esos escribas, se inscribe en esta tradición: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo» (Mt 13,52). También el papa Francisco ilustró esta dinámica creando nuevas metáforas que, por su relevancia pastoral, nacen «bajo el manto» del texto antiguo. De este modo, permitió al pueblo de Dios experimentar la fidelidad de Dios a su Palabra, antigua y siempre renovada.

La Iglesia samaritana

Una metáfora bíblica particularmente querida por el papa Francisco merece una reflexión más detenida: la de la «Iglesia samaritana»[13]. Esta metáfora posee un fundamento escriturístico indiscutible —la parábola del buen samaritano, narrada por Jesús en Lucas 10,25-37—, pero cuenta también con una rica historia interpretativa llena de matices dentro de la tradición cristiana.

Los Padres de la Iglesia, comenzando por Orígenes, interpretaron esta parábola como un fresco simbólico que recorre toda la historia de la salvación. Agustín de Hipona se sitúa en esta misma línea al proponer una doble identificación[14].

Por una parte, el hombre golpeado y dejado medio muerto representa a toda la humanidad: «Aquel hombre que yacía en el camino entre la vida y la muerte es, sin duda, todo el género humano, abandonado por los salteadores; un sacerdote que pasaba lo despreció, y también un levita; pero un samaritano que iba de viaje se acercó a él para curarlo y prestarle ayuda».

Por otra parte, el mismo Samaritano es identificado con Jesús: «El Señor Jesucristo quiso ser reconocido en aquel Samaritano. El término “samaritano” significa “guardián”. Por eso, al resucitar de entre los muertos, ya no muere más, y la muerte no tiene poder sobre él, porque no duerme ni dormita el guardián de Israel. […] Jesús no negó ser el Guardián del hombre enfermo [es decir, el Samaritano]. Por tanto: el Señor está muy cerca, porque el Señor se ha hecho prójimo de nosotros»[15].

En la Iglesia de la época moderna, el primero en utilizar la historia del Samaritano en una actualización simbólica fue Pablo VI en su discurso de clausura del Concilio Vaticano II (7 de diciembre de 1965): «La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio. Una simpatía inmensa lo ha penetrado todo»[16]. Posteriormente, el Documento de Aparecida (2007) acuñó la expresión «Iglesia samaritana»[17]. El teólogo peruano Gustavo Gutiérrez comentó esta expresión afirmando que la compasión «samaritana» es la de una Iglesia que, al hacerse servidora, «se ha hecho prójima del otro, herido, despojado y sin ayuda»[18].

El papa Francisco retomó la expresión «Iglesia samaritana» y la desarrolló de diversas maneras[19]. La Iglesia samaritana —afirmó— es aquella que «consuela, se compromete y se arrodilla a tocar las llagas de la carne que sufre de Cristo en el pueblo»[20]. Los consagrados son entonces samaritanos con las «mangas arremangadas»[21]; y el personal sanitario lo es de manera eminente[22].

Sin embargo, el papa Bergoglio tenía una manera muy particular de referirse a la figura del Samaritano y a la historia de la que este es protagonista[23]. En un artículo sobre la relación del papa Francisco con la Palabra de Dios, Béatrice Oiry escribe: «En Fratelli tutti (FT), el Papa comenta la parábola del Buen Samaritano. Describe largamente la escena, un poco a la manera de un ejercicio espiritual. Evoca a los personajes importantes que continúan su camino al ver al herido, y luego al Samaritano que se detiene y se acerca. Entonces, de repente, el Papa interrumpe su comentario y se dirige al lector: “¿Con quién te identificas? […] ¿A cuál de ellos te pareces? […] Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente” (FT 64). En ese momento evita los desarrollos exegéticos. La parábola habla por sí misma. El comentario del Papa busca simplemente golpearnos, despertarnos, para que la parábola pueda realizar su obra de verdad en cada uno de nosotros. Él, en cierto sentido, libera la urgencia y la radicalidad de la llamada de Cristo»[24].

Dona

APOYA A LACIVILTACATTOLICA.ES

Queremos garantizar información de calidad incluso online. Con tu contribución podremos mantener el sitio de La Civiltà Cattolica libre y accesible para todos.

He aquí el rasgo distintivo de Bergoglio: a sus ojos, el relato y sus personajes nunca dejan de colocar a los lectores y oyentes ante una decisión. En su enarratio, Francisco acelera la dinámica propia de las historias bíblicas —comenzando por la del Samaritano—, que consiste en acorralar a quien las lee o las escucha y obligarlo a tomar posición. «Ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el buen samaritano. Toda otra opción termina o bien al lado de los salteadores o bien al lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del hombre herido en el camino»[25]. La figura del Samaritano, nacida de la imaginación de Jesús, es por tanto la que alimenta la imaginación del destinatario e inspira la elección de un camino diferente. A través del viajero extranjero, Jesús « no nos invita a preguntarnos quiénes son los que están cerca de nosotros, sino a volvernos nosotros cercanos, prójimos»[26].

Tejer, destejer y volver a tejer

Una última metáfora —o más bien una pareja de metáforas— merece nuestra atención. Se trata, por una parte, de la metáfora del texto como «tejido» y, por otra, de la metáfora de la Iglesia como una «tienda» que debe ensancharse. La primera no es de origen bíblico; hunde sus raíces en la literatura griega y latina[27] (aunque se encuentra, en forma embrionaria, en los Padres de la Iglesia[28]). La segunda posee un fundamento propiamente bíblico, a saber, un versículo de Isaías: «Ensancha el espacio de tu tienda» (Is 54,2).

La metáfora del tejido es la que da unidad al Mensaje del papa Francisco para la 54ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (24 de enero de 2020)[29]. Allí es desarrollada de diversas maneras, siempre con gran eficacia, en el marco de una reflexión sobre el papel de la narración en la vida humana y en la vida de la Iglesia[30]. El Papa desea «una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros» (Introducción). Nuestra especie es tejedora, continúa Francisco: «No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los tejidos como a los textos» (n. 1).

Haciéndose eco del Salmo 139,14-15 («Tú conocías hasta el fondo de mi alma y nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto, cuando era tejido en lo profundo de la tierra»), Francisco añade: «No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser “tejidos” y “bordados”. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos» (n. 3)[31]. A esta realidad existencial —entre gestación, nacimiento y crecimiento— se suman, dentro del mismo registro simbólico, la revelación y la salvación: «Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias» (n. 3).

Francisco va tejiendo así la metáfora de párrafo en párrafo, revelando de este modo una dimensión femenina de su personalidad. En el ensayo Il Dio delle donne, la psicoanalista milanesa Luisa Muraro pone de relieve la dimensión teológica de una habilidad tradicionalmente femenina: el arte de tejer, destejer y volver a tejer[32]. El texto de Éxodo 35,25-26 recuerda a las mujeres expertas que hilaban lino, lana teñida y pelo de cabra para el tabernáculo; por su parte, el poema de Proverbios 31,13-19 elogia a la mujer hacendosa que «se procura lana y lino», extiende su mano a la rueca y sostiene el huso con sus dedos. Hay algo de este arte femenino en la invitación de Francisco a tejer «con misericordia las tramas de nuestros días» (n. 5).

En el discurso del papa Francisco aparece además otra metáfora «textil»: la de la tienda[33]. Como ya se ha señalado, esta metáfora procede de un versículo del libro de Isaías, cuyo texto completo dice: «¡Ensancha el espacio de tu tienda, despliega tus lonas sin mezquinar, alarga tus cuerdas, afirma tus estacas!» (Is 54,2)[34]. Se trata, en efecto, de acoger, al regreso del exilio, a un número inesperado de hijos e hijas.

En la audiencia del miércoles 23 de octubre de 2019, Francisco afirmó: «El libro de los Hechos revela la naturaleza de la Iglesia, que no es una fortaleza, sino una tienda capaz de ampliar su espacio (cf. Is 54,2) y de dar cabida a todos»[35]. Esta imagen de la Iglesia-tienda se ha convertido en una de las características del documento de trabajo del último Sínodo (28 de octubre de 2023), donde aparece en dieciséis ocasiones. La tienda es una morada «en movimiento» (on the move) y se presta de manera sorprendente a simbolizar la Iglesia peregrina, es decir, la Iglesia sinodal.

Existe una fuerte tentación de «unir» las dos metáforas que acabamos de mencionar, algo que el papa Francisco no hizo: ¿el texto bíblico, en cuanto «tejido», es acaso una «tienda que se ensancha»? ¿Debe el «magisterio de las metáforas» que caracterizó el ministerio del papa Francisco prolongarse mediante un sensus fidei metafórico, es decir, mediante una creatividad metafórica por parte del pueblo de Dios? Sí, evidentemente, y la conclusión de este ensayo constituirá un pequeño ejercicio en esa dirección.

Cuando el autor del prólogo del cuarto Evangelio anuncia que el Logos «puso su tienda entre nosotros» (eskēnōsen en hēmin, Jn 1,14), retoma y actualiza las palabras del Sirácida acerca de la Sabiduría: «el que me creó me hizo instalar mi tienda, él me dijo: “Levanta tu tienda en Jacob y fija tu herencia en Israel”» (Ecle 24,8). No conservamos el texto hebreo de Sirácida 24,8, pero las variaciones griegas sobre la raíz skēn- parecen remitir al verbo hebreo šākan y, por tanto, a la morada divina de la shekiná. El juego de referencias es aquí bilingüe y, por ello mismo, particularmente singular. La expresión de lo nuevo —la habitación del Verbo en el «nosotros» de los seres humanos— se infiltró así en la expresión antigua, hasta «ensanchar su espacio» (también aquí resuena Isaías 54,2: «Ensancha el espacio de tu tienda, despliega las lonas de tu morada [miškan]»). La fecundidad de las Escrituras en sus reutilizaciones es la de un tejido que se extiende, la de una tienda que se ensancha[36].

***

Al comienzo de este ensayo hemos hablado de la piedra de tropiezo que representó el ministerio del papa Francisco. Las metáforas que él creó o recreó a lo largo de los doce años de su pontificado son como servidoras de la Palabra de Dios. Son esa Palabra en versión pastoral, en un discurso dirigido a todos. Cuando fueron propuestas, sorprendieron a los cristianos y seguirán sorprendiéndolos, cualquiera sea su procedencia. Constituyen un testamento vivo del Papa poeta. Continuarán produciendo su efecto, a la vez desgarrador y reparador. Se convertirán en una tienda para todos en la Iglesia de Dios, que es ella misma una tienda que se ensancha.

  1. Cf. la «biografía literaria» de Jorge Mario Bergoglio de A. Spadaro, «La vita senza poesia non funziona», en Papa Francesco, Viva la poesia!, Milán, Ares, 2025, 9-47. En el mismo volume, cf. también A. Spadaro, «J. M. Bergoglio, il «maestrillo» creativo. Intervista all’alunno Jorge Milia», 201-220. El episodio de la invitación dirigida al escritor Jorge Luis Borges por el joven Bergoglio, cuando enseñaba en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, ha sido contado varias veces; véanse en particular las páginas de A. Ivereigh, The Great Reformer: Francis and the Making of a Radical Pope, New York, Henry Holt and Company, 2014, 80-82. Bergoglio ha expresado su confianza en la mediación de la literatura al interior de la existencia personal de modo singular en su Carta sobre el papel de la literatura en la formación, publicada el 17 de julio de 2024: cf. Pape François – W. Marx, Louée soit la lecture, París, Équateur, 2024.

  2. Cf. J. W. Martens, «Pope Francis’ Focus on the Bible and Mercy – and why so many Catholics are Uncomfortable with it», en America, 5 de enero de 2024 (edición en línea). Cf. también Id., «Pope Francis’ Biblical Roots», en America, 23 de abril de 2025.

  3. M. D. Kiel, Reading the Bible in the Age of Francis, Eugene, OR, Cascade Books, 2019, 15.

  4. Se trata, en todo caso, del primer criterio en orden de aparición en la vida del joven Ignacio (cf. Autobiografía, nn. 7-8).

  5. Francisco, Homilía en la Misa del domingo 26 de enero de 2025 (Domingo de la Palabra de Dios).

  6. Cf. S. Falasca, «“Quello che avrei detto al concistoro”. Intervista con il cardinale Jorge Mario Bergoglio, arcivescovo di Buenos Aires», en 30 Giorni 25 (2007) 11; 18-21.

  7. Cf. J.-P. Sonnet, «Querida Amazonia, fra racconto e metafora», en Civ. Catt. 2020 III 71-77. «La poesía está llena de metáforas – afirmó Bergoglio –. Comprender las metáforas ayuda a volver más ágil el pensamiento, más intuitive, flexible y agudo» y a hacer frente a la mediocridad de tantos discursos modernos autorreferenciales y destructivos (Francisco, «Discorso alla comunità de “La Civiltà Cattolica”», en Civ. Catt. 2017 I 447).

  8. Cf. Francisco, Audiencia general, 10 de junio de 2020. Cf. también Id., «Lotta con Dio», en Id., Omelie del mattino nella Cappella della Domus Sanctae Marthae, vol. 7, Città del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 23-27 (homilía del 12 de enero de 2016).

  9. Entre las numerosas citas y alusiones, cf. Ex 3,10; 3,17; 12,34-42; 13,3-17; Dt 5,6; 1 Sam 12,6; Is 51,10-11; Mi 6,4; Sal 114,1; Hch 7,36-40.

  10. Francisco, «Dio delle sorprese», en Id., Omelie del mattino nella Cappella della Domus Sanctae Marthae, vol. 9, Ciudad del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 205 s. (homilía del 8 de mayo de 2017): «El Espíritu es el don de Dios, de este Dios, nuestro Padre, que siempre nos sorprende: el Dios de las sorpresas […]. Porque es un Dios vivo, es un Dios que habita en nosotros, un Dios que mueve nuestro corazón, un Dios que está en la Iglesia y camina con nosotros; y en este camino siempre nos sorprende […]. Así como tuvo la creatividad para crear el mundo, así tiene la creatividad para crear cosas nuevas todos los días».

  11. Esto coincide con la «consolación sin causa previa» de la que habla Ignacio de Loyola: «De hecho, es propio del Creador entrar en el alma, salir de ella, actuar en ella y atraerla por completo al amor de su divina Majestad» (Ejercicios espirituales, n. 330).

  12. Cf. J.-P. Sonnet, «Inscrire le nouveau dans l’ancien. Exégèse intra-biblique et herméneutique de l’innovation», en Nouvelle Revue Théologique 128 (2006) 3-17.

  13. Cf. en particolare P. C. Phan, «Why Pope Francis sees the Good Samaritan as the Parable for our Times», en America Magazine, 9 de febrero de 2023 (edición en línea).

  14. Cf. Agustín de Hipona, s., Discurso 171, n. 2.

  15. Es significativo que esta interpretación haya sido retomada por el papa León XIV: [Jesús] es el buen samaritano que vino a nuestro encuentro. Dice san Agustín que “el mismo Señor y Dios nuestro quiso llamarse nuestro prójimo, pues Jesucristo nuestro Señor se simbolizó en el que socorrió al hombre tendido en el camino, herido, semivivo y abandonado por los ladrones” (La Doctrina cristiana, I, 33)» (Homilía en la Parroquia Pontificia de San Tommaso di Villanova [Castel Gandolfo], 13 de julio de 2025).

  16. Pablo VI, s., Discurso con ocasión de la última sesión pública del Concilio Ecuménico Vaticano II (7 de diciembre de 1965).

  17. Cf. Documento de Aparecida. Quinta conferencia general del CELAM. Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 16, 4), n. 26.

  18. G. Gutiérrez, con ocasión de la presentación del libro del card. G. L. Müller, Povera per i poveri. La missione della Chiesa, Ciudad del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2014.

  19. Cf. Francisco, Discurso a los participantes del Congreso internacional de la pastoral de las grandes ciudades, 27 de noviembre de 2014.

  20. Id., Discurso a los miembros del Consejo de administración de la Fundación «Populorum Progressio», 16 de septiembre de 2022.

  21. Id., Discorso ai partecipanti al Capitolo generale delle Piccole Suore Missionarie della Carità (Opera don Orione), 25 de mayo de 2023.

  22. Al referirse al samaritano que unta con ungüento las heridas del herido, Francisco comenta: «Nos falta tocar el sufrimiento, y tocarlo nos lleva a la heroicidad. Pienso en los médicos y enfermeros que han estado en contacto con el mal durante la pandemia y han decidido quedarse junto a los enfermos» (programa de Rai 3, 6 de febrero de 2020).

  23. Podríamos decir que la metáfora de la Iglesia como «hospital de campaña», tan querida por el papa Francisco, se deriva de la del samaritano que cura las heridas del hombre herido (cf. Lc 10,34) allí donde lo encuentra, al borde del camino, antes de trasladarlo a un lugar seguro. A esta fuente se suman otras historias bíblicas, como los relatos en los que Jesús, al ser abordado por una multitud de enfermos, los sana en el lugar mismo (cf. Mc 1,32-34; Lc 4,40); de manera análoga, la primera comunidad cristiana se convierte en un lugar que acoge a enfermos de todo tipo (cf. Hch 5,12-16). La prioridad de sanar a las personas «en el lugar mismo» prevalece sobre cualquier otro programa.

  24. Cf. la entrevista a Béatrice Oiry en S. Bada Silas, «De “Verbum Domini” au dimanche de la Parole de Dieu», en Transversalités 159 (2021) 155.

  25. Francisco, Encíclica Fratelli tutti, n. 67.

  26. Ibid., n. 80.

  27. La referencia más antigua a la metáfora del tejido como símbolo del texto o la trama se remonta a los personajes de Helena y Penélope en la Ilíada y la Odisea. La metáfora del tejido es, por lo tanto, una figura metaliteraria de la propia composición épica. Es el caso de Helena, quien teje una representación de la guerra de Troya (Homero, Ilíada, III, 125-128): «De un lado de las murallas, la guerra; del otro, su representación en el tejido. Solo que la tejedora es también la causa, aquella que objetivamente ha urdido el conflicto. Los hombres hacen la guerra, Helena la teje en púrpura» (I. Papadopoulou-Belmehdi, Le chant de Pénélope: Poétique du tissage féminin dans l’Odyssée, París, Belin, 1994, 165). Por su parte, Penélope, que espera el regreso de Ulises, deshace por la noche lo que teje durante el día para retrasar el matrimonio con uno de los pretendientes (Homero, Odisea, II, 121-122; 134-139). Papadopoulou-Belmehdi habla entonces del «tejido de la materia épica» (ibíd., 167). En Quintiliano (siglo I d. C.), en la Institutio oratoria IX, 4.3-23, la palabra textus («tejido, tela») se utiliza explícitamente como metáfora de la composición textual, relacionando la elección de las palabras con la estructura tejida.

  28. Cf. a continuación la nota 30 sobre Hipólito de Roma (aprox. 170-235), pero sin referencias directas al «texto» en sí. En su exégesis de los Salmos, Hilario de Poitiers (aprox. 310-367) utiliza imágenes de unidad y trama (contextus), potencialmente relacionadas con la metáfora del «tejido» o de la «tela».

  29. Cf. Francisco, Mensaje para la 54ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero de 2020.

  30. Véase el sorprendente desarrollo cristológico de la metáfora en cuestión por parte de Hipólito de Roma: «Pues, de hecho, el Verbo, que carece de carne, se revistió de la santa carne de la Santísima Virgen, como un esposo se ciñe el manto, y terminó de tejerla con la pasión de la cruz para salvar al hombre que se perdía, mezclando lo corruptible con lo incorruptible y lo débil con lo fuerte. El telar del Señor sería, pues, la pasión en la cruz, mientras que la urdimbre que hay sobre él es el poder del Espíritu Santo, y la trama que se teje en el Espíritu es la carne santa; el hilo es, a su vez, la gracia firmemente unida por el amor de Cristo, quien, al unir ambos, los convierte en una sola cosa, mientras que la lanzadera del telar es la Palabra; los tejedores son los patriarcas y los profetas que tejen la hermosa vestidura que llega hasta los pies y la túnica perfecta de Cristo: a través de ellos, el Verbo se muestra como una bobina que teje por medio de ellos, precisamente, lo que quiere el Padre» (Hipólito de Roma [siglos II-III], Cristo y el Anticristo, n.º 4, Bolonia, Ediciones Studio Domenicano, 2021, 37-39; M. Aubineau, «La tunique sans couture du Christ, exégèse patristique de Jn 19, 23-24», en Recherches patristiques. Enquêtes sur des manuscrits, textes inédits. Études, Amsterdam, Hakkert, 1974, 363. Cf. B. Bevc, «Noi umani, intessuti di storie. Lògos e incarnazione, la lezione di Ippolito», en L’Osservatore Romano, 23 de junio de 2020, 5.

  31. Al salmo citado por el papa Francisco podemos añadir las referencias al tejido y a la tienda que aparecen en el cántico de Ezequías, en Is 38,12.

  32. Cf. L. Muraro, Il Dio delle donne, Turín, Marietti1820, 2020. En un artículo titulado «Ces femmes qu’on dit mystiques. Des chrétiennes en liberté», en Études, n.º 4232, noviembre de 2016, p. 66, François Marxer hace una observación interesante al respecto, al señalar que Luisa Muraro «recurre a esta actividad de savoir-faire femenino: deshacer un tejido de punto es indispensable cuando el tejido tiene un agujero (así como el lenguaje está agujereado por lo indecible)» (nota 6).

  33. Las tiendas de la época bíblica se fabricaban con pieles de animales y telas de pelo de cabra (cf. Ex 26,7; 36,14-18; Cantar de los Cantares 1,5). Pablo, el futuro apóstol, era fabricante de tiendas en Tarso; probablemente trabajaba el pelo de cabra transformado en tela (véase Hch 18:3).

  34. Cf. la tienda ya mencionada en Is 38,12: «como una tienda de pastores».

  35. Francisco, Audiencia general, 23 de octubre de 2019.

  36. La versión original de este artículo se publicó, en francés, en una revista brasileña: J.-P. Sonnet, «Le magistère des métaphores. Le Pape François et la Parole de Dieu», en Perspectiva TeolÓgica 58 (2026/1) 1-14.

Jean-Pierre Sonnet
Jesuita, profesor de exégesis del Antiguo Testamento en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, se ocupa principalmente del análisis narrativo de los textos bíblicos. Entre sus libros publicados destacan, Il canto del viaggio. Camminare con la Bibbia in mano (2009), L'alleanza della lettura (2011), Ogni Scrittura è ispirata (2013, con P. Dubovský) y Generare è narrare (2015).

    Comments are closed.