Arte

Giuseppe Castiglione y el encuentro con la cultura confuciana

Cien corceles, detalle. Giuseppe Castiglione, 1688-1766.

Introducción

Giuseppe Castiglione (nombre chino: 郎世宁 Lang Shining), nacido en 1688 en el seno de una distinguida familia de Milán, fue uno de los artistas más importantes de la dinastía Qing. Como desde pequeño mostró una marcada aptitud para la pintura, recibió una rigurosa educación artística bajo la tutela de Carlo Cornara. Sin embargo, su estilo artístico muestra sobre todo la influencia de su hermano jesuita Andrea Pozzo, un maestro de la perspectiva barroca, cuyas técnicas innovadoras en la pintura ilusionista de techos y en el trompe-l’œil arquitectónico encontrarían resonancia en sus obras[1].

El 16 de enero de 1707, Castiglione ingresó como hermano lego en el noviciado de los jesuitas en Génova, iniciando una misión que entrelazaría arte y fe durante toda su vida. Tras dos años de intensa formación espiritual e intelectual en el noviciado, fue enviado a Coímbra (Portugal) para prepararse ulteriormente para su labor misionera. Este período, además de profundizar sus conocimientos teológicos y culturales, sirvió también para refinar sus capacidades artísticas, preparándolo para un papel único que actuaría como puente entre Oriente y Occidente.

Su viaje hacia China comenzó en 1714 y culminó con su llegada a Macao el 20 de agosto de 1715. Allí se sumergió en el estudio de la lengua y la cultura china, hasta que, en diciembre de ese mismo año, fue convocado a la corte imperial del emperador Kangxi. Su excepcional talento artístico obtuvo rápidos reconocimientos y lo llevó a ser nombrado pintor oficial en la corte Qing, posición que ocupó bajo tres emperadores sucesivos: Kangxi, Yongzheng y Qianlong.

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Las técnicas artísticas distintivas de Castiglione, así como la fusión que él operó del realismo occidental con la estética tradicional china, han sido objeto de muchos estudios académicos. En este artículo adoptamos un enfoque diferente: en lugar de ofrecer un análisis puramente técnico de sus obras, examinamos algunas pinturas para profundizar en las modalidades con que reflejan elementos clave del pensamiento confuciano. Mediante un atento examen de sus creaciones artísticas, exploramos las vías a través de las cuales Castiglione se relacionó con los ideales confucianos, integrando sutilmente sus principios filosóficos en sus narrativas visuales y expresiones artísticas.

Diseñador de los palacios de estilo occidental

En el marco de las numerosas contribuciones de Castiglione a la corte Qing, uno de los resultados más significativos fue su nombramiento, en 1747, durante el duodécimo año del reinado del emperador Qianlong, como diseñador jefe de los palacios de estilo occidental (Xiyang Lou) del Yuanmingyuan, en Pekín, también conocido como el «Antiguo Palacio de Verano». En aquel entonces, Castiglione ya había pasado más de 30 años en China y había adquirido un profundo conocimiento de la estética imperial china, las inclinaciones artísticas del emperador Qianlong y los intrincados principios que subyacían al tradicional retrato paisajístico chino. Apoyándose en este profundo saber, emprendió un proyecto ambicioso que redefiniría el panorama artístico de la corte Qing.

Integrando audazmente en el diseño arquitectónico elementos del estilo barroco italiano de finales del siglo XVI y XVII, introdujo en él elementos de diseño impregnados de humanismo, nacionalismo y espíritu religioso, característicos de la estética europea. Su enfoque se distinguía por la grandiosidad, la simetría y una minuciosa atención al detalle: cualidades que armonizaban con los refinados gustos del emperador Qianlong. Sus contribuciones se reflejaron de manera más evidente en varias estructuras clave, entre ellas:

Yuanying Guan: una gran sala de banquetes diseñada para reuniones imperiales, que muestra fuertes influencias del barroco europeo y una suntuosa composición espacial.

Haiyantang: sede del famoso Gran Acueducto, un elaborado sistema de fuentes que muestra la sofisticación de la ingeniería hidráulica europea, cautivó a la corte Qing y demostró la competencia técnica de los artesanos occidentales.

Dashuifa: una majestuosa fuente central, adornada con esculturas de mármol finamente talladas, entre ellas las famosas estatuas de los 12 signos del zodiaco chino. Estas esculturas no solo representaban el calendario chino y los atributos de cada figura, sino que también funcionaban como poderosos símbolos del orden cósmico y la legitimidad imperial. Reafirmando visualmente la autoridad Qing, transmitían la armonía, la sacralidad y la majestuosidad de los jardines imperiales.

En estos proyectos, Castiglione supo fusionar magistralmente los principios artísticos europeos con la arquitectura tradicional y la estética paisajística chinas, creando una síntesis peculiar entre Oriente y Occidente. Al mismo tiempo, sus contribuciones fueron más allá de las innovaciones estéticas: representaron un diálogo intelectual y cultural que implicaba la apertura de la corte Qing a las influencias artísticas extranjeras, manteniendo al mismo tiempo la esencia filosófica y cultural de la tradición china. Además, la profundización de Castiglione en el pensamiento confuciano moldeó sutilmente su legado artístico e hizo que sus obras resonaran profundamente tanto con sus mecenas como con el entorno intelectual más amplio de la época.

Obras artísticas

La filosofía tradicional confuciana china pone un fuerte énfasis en la armonía y en el ideal de un mundo unido en paz, donde el cielo, la tierra y la humanidad coexisten en equilibrio. La visión confuciana del Datong («Gran Unidad»), tal como se describe en el Libro de los Ritos (Lǐjì) – «Cuando prevalece el Gran Camino, todo lo que está bajo el cielo pertenece al pueblo»[2] –, subraya el autocultivo, la armonía social y un estilo de gobierno centrado en la justicia y el bienestar del pueblo. Estos principios, profundamente arraigados en la cultura china, encontraron una singular expresión artística en las obras de Castiglione.

«Cien caballos» (百骏图): una fusión de tradiciones artísticas

Cuando, en 1728, el emperador Yongzheng encargó a Castiglione la creación de Cien caballos[3], el artista ya había pasado 13 años en China, durante los cuales se había sumergido profundamente en el pensamiento confuciano y en las tradiciones artísticas chinas. La comprensión de estos principios filosóficos había moldeado íntimamente su expresión artística, llevándolo a una innovadora y armoniosa síntesis del realismo occidental y la estética china.

La composición de la pintura se centra en pinos antiguos, que en la cultura china simbolizan la resiliencia, la integridad y la longevidad. Bajo ellos, en una atmósfera de paz campestre, descansan tres pastores. Un robusto caballo blanco se yergue cerca, mientras muchos otros corceles pastan, se divierten y ruedan en el paisaje verdeante, en poses realistas. La meticulosa atención al detalle y al movimiento confiere vitalidad a la escena, invitando al observador a captar la interconexión de todos los elementos dentro de la pintura.

En la tradición china, el caballo simboliza la virtud y encarna el espíritu del junzi («caballero»). Los corceles al galope son una metáfora de la prosperidad nacional y del bienestar del pueblo. En el centro de la pintura, Castiglione incorpora un lago tranquilo, cuya superficie, similar a un espejo, refleja cañas, sauces y hierbas, creando una atmósfera de serena armonía. La perfecta integración del agua, las montañas y la flora – lograda mediante un delicado equilibrio de técnicas de perspectivas occidentales y el cun chino (una técnica de trazo) – transforma la pintura en una representación poética del ideal confuciano de la paz interior a través de la naturaleza. La composición concluye con un jinete solitario, cuya presencia guía sutilmente la mirada del observador a través de la escena, reforzando la profundidad temática de la obra.

Utilizando técnicas occidentales de claroscuro y tridimensionalidad, Castiglione representó magistralmente los caballos con un sorprendente realismo; al mismo tiempo, empleó la pincelada tradicional china para plasmar el terreno accidentado, los árboles y el follaje. La composición entrelaza, sin solución de continuidad, múltiples escenas – pastores en reposo, caballos que deambulan por los bosques, se bañan en las orillas del río o cruzan los arroyos –, cada una de las cuales captura la noble esencia de los corceles y sumerge al observador en una visión de serena armonía entre el hombre y la naturaleza.

Un elemento particularmente sugerente del cuadro es la presencia de tres caballos excepcionalmente flacos, que se distinguen de la manada robusta y vivaz. Sus figuras escuálidas y desoladas forman un conmovedor contraste con la vitalidad de sus compañeros, recordando los inquietantes versos de Pensamientos de otoño del poeta Ma Zhiyuan, de la dinastía Yuan: «Un viejo camino, el viento del oeste, un caballo flaco, / El sol que se pone desciende tras el horizonte, / Un viajero con el corazón partido, perdido en la inmensidad del mundo»[4].

Aunque ningún documento histórico sugiere que Castiglione usara explícitamente estos caballos flacos como una metáfora de sí mismo, uno no se puede dejar de preguntarse: ¿acaso el pintor, como el corcel solitario, sentía el peso de aspiraciones no realizadas? Después de haber viajado a través de los mares para llevar el Evangelio a China, se había encontrado confinado en la corte imperial; era admirado por sus talentos artísticos, pero su misión más profunda aún no se había cumplido. Este sutil paralelo evoca el sentimiento confuciano del erudito no reconocido, oprimido por ambiciones insatisfechas.

A pesar de su intrincada composición, Cien caballos conserva un exquisito equilibrio. La meticulosa disposición de figuras, caballos, paisajes y flora establece un ritmo ordenado que subraya el ideal confuciano de armonía entre todas las cosas. El cuadro, al proponer un escenario enmarcado por la presencia de pastores de un extremo al otro de la obra, refuerza implícitamente una visión antropocéntrica y al mismo tiempo celebra la relación simbiótica entre humanidad, naturaleza y cosmos.

«Ocho caballos» (八骏图): una continuidad filosófica y artística

Otra obra notable de Castiglione, Ocho caballos[5], encarna de manera análoga un principio fundamental del pensamiento confuciano: la coexistencia armoniosa de la humanidad y la naturaleza. Aquí Castiglione integra magníficamente técnicas occidentales, como la perspectiva y el claroscuro, para representar no solo a los caballos, sino también a los pastores y el paisaje circundante. Esta síntesis de tradiciones artísticas orientales y occidentales produce una representación dinámica y realista, transmitiendo al mismo tiempo un concepto filosófico más profundo, ya expresado en Cien caballos: el ideal de armonía entre los seres humanos, la naturaleza y todos los seres vivos. La tranquilidad pastoral invita a la contemplación de la visión confuciana de un mundo equilibrado y pacífico.

Junto con el paisaje natural, el caballo es uno de los temas más frecuentes y cargados de fuerza simbólica en Castiglione. Como ya hemos mencionado, en la cultura confuciana tradicional el caballo representa la virtud y la integridad moral, encarnando fuerza, lealtad y excelencia. En el contexto de la sociedad imperial china, representa un emblema del respeto que el soberano profesa al talento y a la virtud moral. Por lo tanto, los espléndidos caballos representados en las obras de Castiglione tienen un profundo significado simbólico, porque indican la aspiración del emperador a reunir y apoyar a individuos capaces y virtuosos para servir al Estado y garantizar su prosperidad.

En el arte de Castiglione, el caballo alude también a la tradicional noción china del «Espíritu del Caballo-Dragón», símbolo de excelencia, vigor y audacia. Estos caballos trascienden su forma física para encarnar el potencial intelectual y moral del imperio. En la representación que el artista ofrece de ellos, se convierten en una metáfora de los súbditos más estimados del emperador: individuos dotados y virtuosos que, bajo una guía sabia y perspicaz, contribuyen a la prosperidad de la sociedad.

Este enfoque artístico refleja el profundo compromiso de Castiglione con los ideales filosóficos y culturales chinos, infundiendo en sus obras un significado simbólico que realza las virtudes de la lealtad, la sabiduría y el talento. Sus pinturas no solo celebran el papel del emperador al reconocer y premiar a individuos excepcionales, sino que también alinean al propio Castiglione con los ideales de lealtad y servicio de la dinastía Qing. El cuadro Ocho caballos, por lo tanto, trasciende la mera representación, expresando profundos valores culturales y la afirmación de un gobierno virtuoso.

Con Cien caballos y Ocho caballos, Castiglione conecta magistralmente dos mundos artísticos y filosóficos, creando obras que no solo realzan una brillantez técnica, sino que también están en profunda consonancia con los ideales culturales y confucianos chinos. Estas pinturas, estéticamente atractivas y ricas en significado, en las que las técnicas artísticas occidentales se fusionan con temas y símbolos chinos, destacan el potencial de una síntesis intercultural. Al inmortalizar la noble esencia del caballo, Castiglione ofrece mucho más que una simple y espléndida visión: propone una meditación sobre la virtud, la armonía y la búsqueda atemporal de un mundo ideal.

«El tributo del pino, el halcón y el ganoderma lucidum» (嵩献英芝图) y «La prosperidad reunida» (瑞谷图)

Entre las numerosas obras que reflejan el pensamiento confuciano, El tributo del pino, el halcón y el ganoderma lucidum[6] se distingue como una obra maestra impregnada de un profundo significado simbólico. En esta pintura, que conecta de manera sorprendente elementos naturales y ricas metáforas, se representan un pino majestuoso, un halcón blanco –que actúa como punto focal de la composición–, un arroyo que fluye, salpicaduras de agua, rocas escarpadas y un ganoderma lucidum. El uso magistral de colores vivos y el intrincado detalle por parte de Castiglione dan vida a cada elemento, pero aquí no se trata solo de un paisaje. La pintura es una sofisticada expresión visual de los ideales confucianos, destinada a transmitir los temas de la virtud, la longevidad y la legitimidad del gobierno imperial.

Encargada en 1724, en octubre del segundo año del reinado de Yongzheng, como tributo por el cumpleaños del emperador, la pintura sirve tanto como celebración artística como declaración política. Cada motivo es elegido con cuidado para reforzar un mensaje de buen augurio: el pino, árbol siempre asociado con la resistencia y la firmeza, simboliza la fuerza inquebrantable del emperador; el halcón blanco, que encarna agudeza visual, agilidad y habilidad marcial, refleja la sabiduría y la autoridad del soberano; el ganoderma lucidum, un hongo medicinal raro y muy apreciado, simboliza paz, salud y prosperidad; la roca imponente, inamovible frente a los elementos, representa estabilidad y resiliencia, consolidando la fuerza duradera del gobierno imperial.

También el título de la pintura contiene un nivel de significado más profundo. La similitud fonética entre las palabras chinas «pino», «halcón» y «ganoderma lucidum» crea un juego lingüístico sutil pero poderoso que realza las connotaciones de buen augurio de la pintura. Esta cuidadosa elección de palabras no solo reitera los temas de la longevidad y el bienestar, sino que refleja también la profunda comprensión que Castiglione tenía de los valores confucianos y su capacidad para alinear las técnicas artísticas occidentales con el simbolismo tradicional chino. En consecuencia, El tributo del pino, el halcón y el ganoderma lucidum trasciende la mera belleza visual para convertirse en una expresión sofisticada de ideales culturales, encarnando las aspiraciones a un reino próspero y duradero.

«La prosperidad reunida» (瑞谷图)

Del mismo modo, La prosperidad reunida[7] es otro ejemplo de pintura de corte que encarna los temas de la abundancia, la prosperidad y la veneración confuciana por la agricultura. Esta obra, encargada por el emperador Yongzheng tras una cosecha excepcional en 1723, representa tanto la celebración del éxito agrícola del imperio como la reafirmación del gobierno virtuoso del emperador. Cuando presentó la pintura en 1727, el emperador Yongzheng emitió un decreto que subrayaba el papel fundamental del bienestar del pueblo en el gobierno: «Ahora, el Cielo nos ha concedido de manera especial cosechas abundantes, que nutren a todo el pueblo… El respeto al pueblo es el fundamento sobre el que se asienta el gobierno»[8].

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En una sociedad agrícola confuciana, donde la agricultura era la base de la estabilidad social y económica, el reconocimiento imperial de este principio era fundamental. La prosperidad del Estado y el bienestar del pueblo estaban estrechamente ligados a la fertilidad de la tierra y al éxito de la cosecha. Como tal, el papel del emperador no era solo el de líder político, sino también el de custodio de la abundancia agrícola, responsable de garantizar la armonía entre cielo, tierra y humanidad.

La prosperidad reunida encarna visualmente esta ideología, sirviendo tanto como expresión artística como afirmación simbólica del mandato del emperador para gobernar con sabiduría y justicia. La pintura representa cinco espigas de arroz, cada una con un significado distinto pero interconectado: prosperidad nacional, paz pública, armonía familiar, vitalidad económica y progreso social. Estos elementos reflejan el ideal confuciano de un Estado bien ordenado, en el que la estabilidad en un sector refuerza el bienestar en los demás. Además de su valor estético y simbólico, la pintura representa también un testimonio histórico de una cosecha abundante, reforzando la convicción de que un emperador capaz de gobernar con virtud y benevolencia es recompensado con la abundancia de las cosechas. Subraya la idea de que el Mandato del Cielo se confiere a los gobernantes que mantienen el equilibrio y la rectitud, asegurando que la prosperidad se extienda por todo el imperio. La representación artística propuesta por La prosperidad reunida no solo conmemora un momento de éxito agrícola, sino que refuerza también la legitimidad y la aprobación divina del gobierno imperial.

Con estas obras, Castiglione fue más allá del papel de pintor de corte: se convirtió en un intérprete de valores culturales, fusionando perfectamente la sensibilidad artística occidental con la filosofía confuciana. Su capacidad para conectar estas tradiciones dio vida a pinturas que no solo eran visualmente valiosas, sino que también estaban llena de profundidad intelectual y moral. De este modo, consolidó su legado como un mediador cultural cuyo arte continúa cautivando e inspirando.

«Un jarrón de plantas de buen augurio» (聚瑞图)

En septiembre del primer año del reinado de Yongzheng (1723), Castiglione realizó Un jarrón de plantas de buen augurio[9] para conmemorar el ascenso al trono del emperador Yongzheng y para celebrar los primeros éxitos de su gobierno. En la esquina superior derecha de la pintura, el artista inscribió estas palabras: «En el primer año del reinado del Emperador se manifestaron repetidos presagios de buen augurio. El valle de las armoniosas espigas de trigo es abundante en los campos; el loto con flores gemelas florece en el estanque imperial. Este humilde servidor, Lang Shining, observa respetuosamente y representa estos signos de buen augurio en una composición floral para conmemorar su importancia. Pintado respetuosamente por su humilde súbdito occidental, Lang Shining, en el decimoquinto día del noveno mes del primer año del reinado de Yongzheng»[10].

Castiglione usa dos vívidos símbolos naturales – la armoniosa espiga de trigo y el loto con flores gemelas – para transmitir temas de prosperidad nacional, estabilidad y gobierno benévolo. La armoniosa espiga de trigo, representada como un único tallo con dos espigas, simboliza la abundancia floreciente y el desarrollo diversificado de las fortunas del imperio. Esta imagen no solo representa un Estado que prospera bajo el gobierno virtuoso del emperador, sino que también encarna las bendiciones de la prosperidad y el bienestar para el pueblo, consolidando el papel del emperador como líder justo y capaz.

El loto con flores gemelas añade un nivel adicional de profundidad simbólica. En la cultura china, el loto representa la pureza, la resiliencia y el buen augurio, mientras que las flores gemelas en un único tallo simbolizan bendiciones dobles y prosperidad armoniosa. La vaina del loto, llena de semillas, simboliza una numerosa descendencia, reforzando el tema de la continuidad dinástica y la estabilidad imperial. Además, las hojas del loto, que permanecen intactas incluso en aguas fangosas, aluden sutilmente a la integridad moral del emperador y a su compromiso con un gobierno justo.

Además de representar la abundancia material y la armonía social, Un jarrón de plantas de buen augurio posee un profundo significado ideológico. La composición, en la que estos elementos de buen augurio están dispuestos con cuidado dentro de un jarrón, simboliza la estabilidad y la armonía nacional. Esta cuidadosa atención a las imágenes se alinea con el principio confuciano según el cual el gobierno virtuoso es el fundamento de un imperio próspero y pacífico.

A lo largo de la historia, los emperadores chinos han considerado el Mandato del Cielo como la fuente última de su legitimidad, creyendo que el favor divino se concedía a los gobernantes que mantenían la integridad moral y la benevolencia. Por lo tanto, los presagios de buen augurio, como los representados en la pintura de Castiglione, eran percibidos como pruebas tangibles de la virtud del emperador y de la estabilidad de su reinado. Al afirmar explícitamente haber sido testigo personal de estos fenómenos propicios, Castiglione aumenta la credibilidad de los signos representados, reafirmando aún más su significado.

Además, es probable que el artista infundiera en esta obra una sutil alusión diplomática, esperando que el emperador Yongzheng dispensara a los misioneros cristianos la misma tolerancia que su predecesor, el emperador Kangxi. Al realizar una pintura que armonizaba con los ideales culturales y filosóficos chinos, Castiglione buscaba asegurarse el favor imperial, reflejando las estrategias diplomáticas usadas por los misioneros jesuitas en la corte Qing. Su capacidad para integrar los valores confucianos y el simbolismo imperial en su arte demostraba no solo su maestría artística, sino también su profundo conocimiento del panorama político y cultural de la dinastía Qing.

En definitiva, Un jarrón de plantas de buen augurio es mucho más que una simple representación floral: constituye un sofisticado testimonio de la convergencia de arte, política e ideales confucianos, que refleja tanto la grandeza del gobierno de Yongzheng como el poder duradero del simbolismo cultural en el imperio chino.

Conclusión

Uno de los principios espirituales fundamentales de san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, es la invitación a «encontrar a Dios en todas las cosas», a reconocer la presencia divina en todos los aspectos de la existencia. Este principio no es solo un concepto teológico abstracto, sino una experiencia vivida, un modo de interactuar con el mundo que infunde un sentido de propósito y sacralidad a la vida cotidiana. Como jesuita, Castiglione llevó esta espiritualidad ignaciana a China, donde dedicó más de cincuenta años de su vida al servicio de la corte Qing. Aunque no pudo evangelizar directamente, como había pensado originalmente, encontró para su misión un camino alternativo que trascendía las palabras y la doctrina. A través del lenguaje del arte, creó un puente entre las culturas, encarnando el espíritu de inculturación que desde hace tiempo define el compromiso de los jesuitas en el mundo.

Fusionando de manera impecable las técnicas artísticas occidentales de la perspectiva, la anatomía y el claroscuro con las tradiciones estéticas y filosóficas de la pintura a tinta china, Castiglione fue el pionero de un estilo único e innovador en la pintura de corte. Sus obras no eran simples registros visuales o piezas decorativas para la familia imperial; más bien, estaban imbuidas de capas de simbolismo cultural, ideales confucianos y un profundo respeto por la verdad artística y espiritual. En las delicadas pinceladas de sus composiciones se encuentra la convergencia de dos grandes civilizaciones, cada una con su propio modo de percibir la belleza, el orden y la relación entre la humanidad y el cosmos.

Las obras de Castiglione son testimonio de algo más que la maestría artística: reflejan una profunda búsqueda espiritual, que persigue la armonía entre cielo y tierra, entre tradición e innovación, entre lo visible y lo trascendente. Haciendo eco de los temas de la autoridad imperial, la abundancia natural y la interconexión de todas las cosas, sus pinturas encarnan la visión confuciana del orden y al mismo tiempo revelan con agudeza la búsqueda jesuita de discernir lo divino en el mundo material. A través de su pincel, fe y cultura se entrelazan, dando vida a un legado artístico que continúa inspirando aún hoy.

Sus contribuciones no solo enriquecieron las tradiciones pictóricas chinas, influyendo en los artistas de corte durante generaciones, sino que también dejaron una marca indeleble en la historia más amplia de los intercambios artísticos e intelectuales entre Oriente y Occidente. En la obra de Castiglione, asistimos a un raro momento histórico en el que el arte trasciende su medio para convertirse en una forma de diálogo cultural, una herramienta de comprensión y un puente entre civilizaciones. Castiglione no era solo un pintor al servicio del emperador, sino un hombre de fe, cuya vocación se expresaba en el acto mismo de la creación.

El 16 de junio de 1766, tras la muerte del artista, el emperador Qianlong emitió un edicto que manifestaba profunda admiración y conmemoraba al difunto, subrayando sus excepcionales logros artísticos, su inquebrantable lealtad, su carácter ejemplar y su integridad. Además, destacaba la receptividad y el aprecio de la corte Qing por las técnicas artísticas occidentales: «Desde los años del reinado de Kangxi, tú, Lang Shining, has trabajado diligentemente en el palacio imperial y se te habían concedido ya el botón y el cinturón de mandarín de tercera clase. Hoy has muerto a causa de una enfermedad. En recuerdo de tu servicio en el palacio durante muchos años y dado que tenías casi ochenta años, te concedemos por la presente, siguiendo el precedente de Dai Jinxian [Ignatius Kögler], el título de viceministro y 300 taels de plata del tesoro imperial para cubrir los gastos de tu funeral, como señal de nuestra simpatía y benevolencia. Esta es nuestra disposición»[11].

Aún hoy, después de siglos desde su desaparición, el legado artístico de Castiglione continúa. Sus pinturas siguen siendo valiosos testimonios, estudiados por historiadores y admirados por artistas, que nos recuerdan la profunda belleza que surge cuando las culturas se encuentran en el respeto mutuo y la sinergia creativa. Su vida y su obra son un testimonio del poder que tiene el arte para comunicar a través del tiempo y el espacio, invitando a las generaciones futuras a percibir la presencia divina en todas las cosas y a abrazar las infinitas posibilidades del intercambio cultural.

  1. Cf. Leqi Li, «Research on Panoramic Paintings and the Legacy of Giuseppe Castiglione», en www.dpm.org.cn/Uploads/File/2018/06/15/u5b237189e7e11.pdf

  2. «Liyun Datong», en www.confucianacademy.com/load.php?link_id=27616

  3. Esta obra se conserva en el Museo del Palacio Nacional de Taiwán, en Taipéi. Cf. https://theme.npm.edu.tw/selection/Article.aspx?sNo=04000989

  4. Zhiyuan Ma, Pensamientos otoñales, en www.gushiwen.cn/shiwenv_9dcf133d25cc.aspx

  5. Esta obra se conserva en el Museo del Palacio Nacional de Taiwán, en Taipéi. Cf. www.dpm.org.cn/collection/paint/230375.html

  6. Esta obra se conserva en el Museo del Palacio Nacional de Pekín. Cf. www.dpm.org.cn/collection/paint/234550.html

  7. Esta obra se conserva en los primeros archivos históricos de China Cf. https://fhac.com.cn/consult.html

  8. https://m.shidianguji.com/mid-page/7426481359461466149

  9. Esta obra se conserva en el Museo del Palacio Nacional de Taiwán. Cf. https://digitalarchive.npm.gov.tw/Collection/Detail/3581?dep=P

  10. 皇上御极元年, 符瑞叠呈, 分歧合颖之谷实于原野, 同心并蒂之莲开于禁池.臣郎世宁拜观之下, 谨汇写瓶花, 以记祥应。雍正元年九月十五日, 海西臣郎世宁恭画.

  11. La traducción al inglés de este texto se encuentra en E. J. Malatesta – Gao Zhiyu (edd.), Departed, yet present. Zhalan the oldest Christian cemetery in Beijing, San Francisco – Macau, University of San Francisco – Instituto Cultural de Macau, 1995, 217. El texto original en chino está inscrito en la lápida de Castiglione, ubicada en el patio del Instituto Administrativo de Pekín. Cf. www.bac.gov.cn/content/index.aspx?nodeid=303&page=ContentPage&contentid=8865/

Joseph You Guo Jiang
Joseph You Guo Jiang es un docente jesuita del Boston College (EEUU). En 2012 obtuvo su doctorado en Liderazgo en Educación Superior en la misma universidad. Ha estudiado y trabajado en numerosos países asiáticos.

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